«Este regalo me deja agradecido y endeudado»
El escritor y periodista José Jiménez Lozano manifiesta una «profunda gratitud» tras recibir la Cruz ‘Pro Ecclesia et Pontifice’

Luis Javier Argüello, José Jiménez Lozano y Ricardo Blázquez durante el acto de entrega de la medalla.-J.M. LOSTAU
Desde Roma, la máxima distinción que el Padre Santo concede a sus seglares, llegó ayer a la ciudad del Pisuerga, a manos de José Jiménez Lozano. «Es un don y un regalo, una gran liberalidad de Su Santidad el Papa Francisco y de la Santa Sede realmente, que me deja agradecido y endeudado», confesó el abulense tras recibir en el Arzobispado de Valladolid la Cruz Pro Ecclesia et Pontificie, un reconocimiento obtenido a propuesta del cardenal Ricardo Blázquez.
«No he llevado a cabo sino mi tarea de escritor y periodista inserto en la antigua historia de las letras europeas, españolas y católicas que han estado abiertas a las preocupaciones religiosas y culturales», explicó Jiménez Lozano, manifestando una «desconcertada y profunda gratitud» ante una distinción papal que «solo podría relacionarla con un sueño».
Con humildad, vinculó este reconocimiento a su aportación a la primera muestra de arte sacro de ‘Las Edades del Hombre’. «Como ya había alborotado un poco con la corresponsalía en Roma, hice algo parecido a un guión; los demás amigos dieron las vueltas que les pareció y, sin duda, resultó algo hermoso», aseveró el escritor, matizando que carece de título alguno «especial al respecto de estas exposiciones, como no tengo el de llevar el honor o el sambenito de novelista católico».
Amigos a quienes Jiménez Lozano recordó de manera especial en su discurso de agradecimiento. Amigos de la talla de «don José Velicia, a quien debió ir o hubiera ido sin duda este reconocimiento» o «doña Eloísa García de Wattenberg, a quien ya se concedió esta misma distinción papal»., como apuntó.
El escritor abulense, afincado en Alcazarén, reconoció que el antiguo proyecto de ‘Las Edades del Hombre’ permitió «a muchos habitantes de estas tierras de la meseta y otras tierras españolas conocer el patrimonio de la Iglesia de Castilla y León» así como «reconocer obras que habían servido al culto y que eran suyas». Con la intención de abandonar la «forma académica de mostrar el arte» surgió, en 1998, una idea en la que «la visión de pintura y escultura, combinada con unas cuantas informaciones, haría que el visitante tuviera una especie de encuentro singular con todo ello».
Como resultado de un ensayo-error acertado y bajo la etiqueta de la novedad, el ciclo expositivo nació en un momento en el que el arte en Castilla y León había sido «víctima de la desamortización, en algunas zonas de la Guerra Civil, y las más veces de la incuria. Nos hemos llegado a encontrar unas tablas flamencas de escalones de la subida a la torre en una iglesia abandona hacía años, pero también hemos hallado maravillas en los conventos de clausura y en iglesias sumamente cuidadas», concretó Jiménez Lozano a partir de sus recuerdos.
Premiando la fidelidad a la Iglesia, la Pro Ecclesia et Pontifice reconoce un servicio distinguido a la Comunidad eclesial.
Blázquez reconoce la «ejemplaridad» de su vida
José Jiménez Lozano une «sin fisuras, la sabiduría de la fe y la asimilación de la mejor herencia de la historia, la dedicación a la palabra escrita y la misericordia por los que sufren». Con estas palabras definió el cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, al escritor y periodista abulense durante el acto de entrega de la ‘Cruz de Honor’, «un reconocimiento merecido, signo de nuestra gratitud y también de nuestra esperanza».
Para el prelado, los sentimientos transmitidos por el galardonado «manifiestan la humildad de un verdadero intelectual que siempre ha actuado como discípulo de la verdad, del bien y de la belleza». Así, quiso reconocer ante todos los presentes «la ejemplaridad de su vida. No quiero sacar a nadie los colores si afirmo que personas de esta altura son como lumbreras en la oscuridad e incertidumbre de nuestro tiempo».
Blázquez puso de manifiesto que «desde Alcazarén, desde un rincón de Castilla, ha ensanchado su espíritu a las dimensiones del mundo y de la historia», remarcando que la vida de Jiménez Lozano es «un monumento de entrega sacrificada su vocación y de cumplimiento fiel a su misión».
El cardenal arzobispo repasó la amplitud de la obra escrita del abulense, su corresponsalía durante tres períodos del Concilio Vaticano II, su estudio de personas como Santa Teresa de Jesús o Fray Luis de León y su colaboración en la gestación de ‘Las Edades del Hombre’.