Diario de Valladolid

QUINTO CENTENARIO DEL VIAJE DE CARLOS V

Crecimiento y expansión del corazón del Imperio

A pesar de la incertidumbre inicial, la capital vivió una época dorada sin precedentes en el siglo XVI

Imagen del medallón del Emperador que se exhibe en el claustro del Palacio Real de Valladolid, residencia de Carlos V en sus frecuentes estancias en la capital vallisoletana.-CARLOS BELLOSO

Imagen del medallón del Emperador que se exhibe en el claustro del Palacio Real de Valladolid, residencia de Carlos V en sus frecuentes estancias en la capital vallisoletana.-CARLOS BELLOSO

Publicado por
Henar Martín Puentes

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Tal y como narra el historiador Carlos Belloso en el libro Viajes y estancias en la provincia de Valladolid, editado por la institución provincial vallisoletana, el 18 de noviembre tiene lugar la llegada de Carlos V a Valladolid. Las autoridades eclesiásticas y civiles docentes y judiciales con el correspondiente acompañamiento, le esperaron y formaron en la comitiva de su entrada triunfal, según describe el cronista Laurent Vital, haciendo su entrada a caballo por la Puerta del Campo (actual calle de Santiago) en medio de un ambiente festivo y eufórico que le ofrecieron los vallisoletanos.

Sin embargo, estas narraciones contrastan con los hechos históricos en los que el ambiente real vivido era tenso pues «se estaba dirimiendo un conflicto político abierto y subyacía una seria oposición hacia el príncipe flamenco al que consideraban un extranjero», según Belloso. De hecho, muchos vecinos se negaron a hospedar en sus casas a los miembros del séquito en señal de protesta al conocer que habían entregado cargos a extranjeros, cuando era costumbre que fuera para los naturales del reino, una aptitud que era animada desde los púlpitos por los eclesiásticos y por los miembros de la élite vallisoletana que gozaban del privilegio de exención de huéspedes.

El príncipe venía desde Mojados de donde partió acompañado por 2.000 caballos. Días antes había hecho parada en la Finca El Abrojo de Laguna de Duero. En ese lugar hizo entrega a su hermano Fernando del Toisón de Oro, una de las órdenes de caballería más prestigiosas y antiguas de Europa.

Pese a esas animadversiones iniciales, las Cortes fueron convocadas el 12 de diciembre de 1517 y el 4 de enero del siguiente año ya estaban los procuradores reunidos en ellas.

Finalmente, el domingo 7 de febrero tiene lugar el juramento al monarca de los procuradores reunidos en Cortes en la iglesia de San Pablo. Las ciudades y villas accedieron entonces a algunos deseos del rey, otorgándole un servicio de 200 millones de malavedís pagaderos en tres anualidades. A cambio, las Cortes hicieron una serie de peticiones al rey, entre ellas, que aprendiese a hablar en castellano, el cese de nombramiento a extranjeros, la prohibición de la salida de metales preciosos y caballos de Castilla y un trato más respetuoso a su madre Juana.

Con el tiempo y, a pesar de tener una corte itinerante, la capital vallisoletana se convirtió en una de las sedes más estables del monarca. La predilección que sintió el Emperador por la ciudad del Pisuerga se demuestra en el hecho de en la villa pernoctó un total de 1.080 jornadas repartidas en diferentes años. De hecho, según diversos historiadores, fue la localidad de Castilla y Aragón donde más tiempo residió.

La localidad se convirtió en el corazón del Imperio, viviendo un momento de esplendor y apogeo durante la segunda mitad del siglo XVI, lo que favoreció el desarrollo urbanístico y demográfico de la ciudad durante aquellos años. Gracias a esta presencia constante en la Corte, la villa conoció nacimientos reales (el 21 de mayo de 1527, el del futuro Felipe II), bodas (la de María de Austria con Maximiliano de Habsburgo, rey de Bohemia) y funerales reales (la princesa María de Portugal, esposa de Felipe II).

La presencia del Emperador constituía un gran foco de atracción social, de manera que Valladolid se convirtió en un lugar de enriquecimiento intelectual por donde pasaron humanistas, escritores, diplomáticos, filósofos, teólogos, militares y cortesanos.

La ciudad vallisoletana fue sede de las Cortes del reino de Castilla en veintitrés ocasiones hasta 1560, el lugar donde más veces se convocaron, seguida a gran distancia por Toledo.

DEBATES FILOSÓFICOS

También destaca la celebración en la ciudad de la célebre ‘Controversia de Valladolid’. Una reunión entre expertos que tuvo lugar entre 1550 y 1551 en el Colegio de San Gregorio a iniciativa del monarca Carlos V.

El debate enfrentó dos formas de entender la conquista de América. Por un lado, la postura que defendía los derechos de los indios abanderada por Bartolomé de las Casas, considerado un precursor de los Derechos Humanos. Y por otro, la que apoyaba la conveniencia del dominio de los españoles sobre los indígenas, que postulaba Juan Ginés de Sepúlveda. A pesar de no haber una resolución final, Valladolid se convirtió en un precedente histórico sobre las formas de entender el dominio del Imperialismo.

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