SEMANA SANTA - PREGÓN DE VALLADOLID
Argüello pide una cruzada contra las ‘llagas’ del hambre, la miseria y la enfermedad
El soterramiento se cuela en el pregón para recordar el obispo auxiliar los 500 días y noches de aislamiento traumático de La Pilarica

El obispo auxiliar Luis Arüello durante su pregón de Semana Santa en la catedral de Valladolid, con la imagen de la Virgen detrás.-J.M.LOSTAU
El obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, hizo ayer un llamamiento a una nueva cruzada mundial, esta vez no contra nadie sino para curar las llagas de la humanidad: el hambre, la miseria, las enfermedades, el enriquecimiento de unos pocos a costa de muchos. Una llagas que, en palabras de Argüello, sirvan de acercamiento a la cruz, representación de «los doloridos, los sufrientes, los que desean y buscan».
Advirtió de que «el mayor pecado contra los pobres es la indiferencia» y lamentó que los hombres se hayan «habituado ya a la miseria ajena, a las imágenes de esos cuerpos esqueléticos a causa del hambre». Fue aquí donde invocó la nueva cruzada para «eliminar o reducir el injusto y escandaloso abismo que existe entre ricos y pobres», la labor «más urgente en este tiempo de revolución tecnológica».
Pregonero este año de la Semana Santa en la catedral, su casa, Argüello hilvanó un discurso denso, profundo, de gran carga social, seguido por un público que llenó el templo. Ausente estuvo el cardenal y obispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, de viaje en Roma donde le recibirá hoy el papá.
A la derecha del pregonero se sentó el alcalde, Óscar Puente, que ejerció de presentador, junto a buena parte de la Corporación, aunque, como es habitual en estos actos, no asistieron ni los representantes de Valladolid Toma la Palabra ni de Sí se Puede
En las primeras filas tomó asiento el presidente de la Diputación, Jesús Julio Carnero, y también pudo verse entre los asistentes al ex alcalde Francisco Javier León de la Riva.
Para todos Argüello ejerció de guía en un viaje desde los orígenes, desde el germen de la Semana de Pasión en Jerusalen, en el siglo I, hasta la Semana Santa del 2017, en el XXI, la que está a punto de vivirse en el las calles de Valladolid en los próximos días.
Fue un viaje con la cruz como jalón que orienta un camino que, con salida en Jerusalén, discurrió en su pregón por Roma, Asís, patria del fundador de los franciscanos, la orden que se erigió en custodia de los santos lugares, para recalar en Valladolid y la evolución histórica de su Semana Santa; con la profunda reforma que llevó a cabo el arzobispo Remigio Gandásegui como punto de inflexión.
Un largo viaje que brindó la ocasión al pregonero para hacer un recordatorio, tanto a los vallisoletanos como a los visitantes que acudan estos días a la ciudad, a convertir Valladolid en un cruce de caminos con sitio para todos.
Junto al ambiente de cofrades que vienen y van, la imagen de las terrazas llenas, de los viandantes y «gentes con prisa para quienes la procesión es un incordio», Argüello tuvo un recuerdo para aquellos otros que «siempre pasan inadvertidos» Y aquí cito unas palabras del Papa Francisco para invitar a estar junto a los que sufren: «Jesús quiere que toquemos la miseria humana, la carne sufriente de los demás».
Con el pregón ya encarrilado en esta dirección, el obispo auxiliar recorrió cada uno de los días de la Semana Santa vallisoletana y descendió a lo concreto para ilustrar con un ejemplo algunas de las llagas del mundo.
Recordó Argüello que en las Delicias se celebra la primera procesión, un barrio, como en La Rondilla y Pajarillos con una amplia comunidad de inmigrantes. «Ellos también nos recuerdan a los refugiados y perseguidos» y añadió: «Cómo no pregonar la hospitalidad también aquí y gritar, en medio del silencio vallisoletano, paz y justicia entre las naciones»?
Las vocaciones, el matrimonio para toda la vida incluso la «amargura» de los gestores públicos «que experimentan la falta de medios para hacer que resplandezca el bien común en los más débiles de la ciudad», estuvieron presentes en las palabras del obispo auxiliar.
Incluso el soterramiento se coló en el pregón de la Semana Santa, prueba de lo hondo que ha calado el asunto. Fue al recordar la procesión del ‘Cristo atado a la columna» y su llegada al barrio de La Pilarica, cuando dijo que la ciudad ha progresado, pero uno de sus símbolos, «la alta velocidad», la ha «dividido». Y aquí recordó los 500 días y 500 noches de división «traumática» del barrio de la Pilarica desde la supresión del paso a nivel.
La violencia doméstica, la corrupción, los abusos a menores, las injusticias, el terrorismo y la guerras también ocuparon su espacio en el pregón de Argüello, pero para recordar que las medidas legislativas y policiales, incluso los programas educativos, no bastan si «la frágil condición humana no recibiera la inmensa merced y consuelo del perdón».
Ante una sociedad sacralizada que «conoce la experiencia de vivir como si Dios no existiera», señaló Argüello que «un nuevo Francisco llama a la Iglesia a la conversión pastoral para la salida misionera».
Apeló a la «mística» que encierre la Semana Santa, más allá de su contenido histórico y moral, e invitó a todos a no quedarse fuera «como meros espectadores u oyentes».
Advirtió contra el conformismo de considerarse como «paganos bautizados», si bien añadió que éste es el mundo que hay y «hay que vivir en él». Y en una frase con cierta carga irónica afirmó que «si la democracia, el mercado y la seguridad social funcionasen bien esto sería ya la antesala del paraíso».
El obispo auxiliar de Valladolid terminó su intervención con una llamada a vivir durante estos días de Semana Santa «una procesión interior hacia lo profundo» que «toque los corazones, ilumine las ojos, abra las manos y permita dar un paso adelante en confianza, amistad y servicio».