Diario de Valladolid

ANTONIO SILVÁN

El regidor que ya sucedió a Herrera

Alcalde de León y vicesecretario de Organización del PP

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Publicado por
Alicia Calvo
Valladolid

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«Ya te vi tomando apuntes, espero que hayas tomado buena nota porque vas a ser consejero». Así le anunció Juan Vicente Herrera que saltaba a primera línea del Gobierno autonómico a quien de inmediato se convertiría en uno de sus hombres fuertes.

En la tribuna de la primera investidura de Herrera como presidente electo de la Junta, en 2003, se encontraba Antonio Silván (León, 1962), que por aquel entonces llevaba cuatro años como secretario general de la Consejería de Economía y Hacienda, se afanó en tomar notas de su discurso. Todavía no sabía dónde iba a recalar. Al día siguiente supo que asumiría la cartera de Fomento, que capitaneó tres mandatos.

Catorce años después, aquellas notas siguen en práctica. El tono conciliador, la eficacia en la gestión y la lealtad son constantes en la trayectoria del alcalde de León y vicesecretario de Organización del PP castellano y leonés, que cuenta con la plena confianza y el afecto declarado del máximo dirigente del partido al que ahora se postula para suceder.

Silván, el paisano de la sonrisa perpetua y de la disciplina constante, compite con un adversario con el que comparte similitudes en el plano personal y político. Ambos, además de madridistas férreos, son hombres de partido, cuentan con una dilatada experiencia en las filas populares y están al frente de la Alcaldía de una capital que gobiernan con apoyo de Ciudadanos... pero el político leonés sabe lo que es suceder a Herrera. Ya lo hizo una vez.

En 1999, el ahora líder del Ejecutivo autonómico pasó a ejercer de voz del PP en las Cortes y abandonó la Secretaría General de Economía, que ocupó un Silván procedente de la asesoría jurídica del Procurador del Común. Fue en esa institución en la que este abogado de profesión, que estudió en los Maristas, dio sus primeros pasos de carrera institucional. Corría 1995 y Silván estaba empezando en un bufete de abogados de la capital. Tan buena impresión dejó en sus años de universidad que uno de los que fue su profesor lo llamó. Al otro lado del teléfono estaba Manuel García Álvarez, el primer Procurador del Común. Le ofreció acompañarle como asesor.

Cuatro años después, aterrizó en la Consejería que capitaneaba la fallecida Isabel Carrasco en sustitución de Herrera. La falta de conexión de ésta con el ahora presidente de la Junta le llevó a encomendarle a Silván que ejerciera de interlocutor de Economía con el portavoz en las Cortes.

Ahí empezó todo. O, más bien, despegó. Comenzó a fraguarse una relación de amistad que aún hoy perdura.

Herrera retiró a Carrasco como consejera leonesa y le designó a él, aunque en otra cartera, la de Fomento.Se mantuvo al frente de las infraestructuras, vivienda, transporte y telecomunicaciones hasta las elecciones de 2015.

Siempre a disposición de su jefe y amigo, no dudó en aceptar el encargo de Herrera de alejarse de Fomento para liderar la candidatura al Ayuntamiento de León en las últimas elecciones.

Ganó en minoría. Se ganó la calle y su perfil llano, accesible y amable tuvo mucho que ver. Es un hombre sencillo en las formas y en el fondo y no hace gala de gustos selectos ni rebuscados. Disfruta viendo cómo la ciudad se despereza mientras un par de días a la semana corre por su casco histórico o a la orilla del Bernesga cuando apenas ha amanecido.

Se reconoce de buen comer y cuando se deja caer por el Húmedo acompaña sus tapas de vino con gaseosa. Pasa de marcas y huye de modas y tendencias suntuosas. Si tiene que tomarse una copa, el gin tonic que sea de Larios, como los de toda la vida.

Es hijo de médico rural, vivió sus primeros años en Chozas de Abajo, donde su progenitor pasaba consulta, pero pronto se fue a León, aunque un breve periodo en Asturias dejó una huella personal decisiva. Allí conoció a su mujer. Ambos comparten un hijo que se llama como él.

A Silván le gusta rememorar los tiempos de la infancia en la que sus padres le llevaban junto a sus hermanos a la nieve. Cuando su vertiginosa agenda se lo permite, emprende el mismo camino, hacia San Isidro, con los suyos. Siempre con los suyos.

Si se encuentra en Valladolid es fácil verlo en uno de sus rincones predilectos, degustando unos huevos con torreznos y una ensalada de escabechados de Casa Tino, en el corazón de la capital. Una ciudad con la que, gracias a su carácter conciliador y de diálogo y al del alcalde socialista vallisoletano, logró estrechar lazos y un acercamiento histórico que no se había conseguido con dos regidores del mismo signo político.

Ahora falta ver si esa serenidad, proximidad y constancia se traducen en una victoria ante los suyos y finalmente sucede a Herrera. Ya lo hizo una vez.

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