Diario de Valladolid

Cultura

Guerin reivindica las humanidades y la poesía en 'La Academia de las Musas'

El cineasta barcelonés presentó hoy en los Cines Casablanca su última película, una exploración sobre el amor y el ser humano, al que considera “un pozo sin fondo”

El cineasta José Luis Guerín presenta en Valladolid 'La Academia de las Musas.-ICAL

El cineasta José Luis Guerín presenta en Valladolid 'La Academia de las Musas.-ICAL

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ICAL

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“Resistir es una obligación moral”. Con convicción, pasión y vehemencia serena, el cineasta barcelonés José Luis Guerin se rebela contra la nueva mitología que ha convertido el fútbol en la máquina de generar nuevos ídolos, los únicos ídolos del mundo actual, en detrimento de la música, la literatura, el cine y otras artes. Se rebela también contra las “mil formas de competencia desleal” que condenan el cine de autor a un minúsculo circuito de exhibición, y no se resigna a asumir “una especie de culpabilidad que se ha transmitido a quien quiere hablar de poesía”.

Más allá de su contundente discurso, su mayor símbolo de protesta son sus películas, sus fotografías, sus videoinstalaciones... Y defendiendo la última de ellas, 'La Academia de las Musas', galardonada con el Giraldillo de Oro en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, llegó hoy a los Cines Casablanca de Valladolid para presentar su trabajo, que resumió como una reflexión “sobre el amor y sobre el ser humano, que es un pozo sin fondo”.

Según detalló, 'La Academia de las Musas' surgió de una invitación que recibió por parte del profesor de Filología Italiana en la Universitat de Barcelona, Raffaele Pinto, y de su grupo de alumnos, cuyo “deseo por el cine” propició una invitación al director para asistir a sus clases y convertir su aula en un plató. “De entrada no decidí hacer un largometraje. Fui conociendo las aulas y los espacios privados que allí había, sintiéndome con la libertad de un escritor, que tiene la posibilidad de iniciar una cuartilla para descartarla después. Al principio consideré que podría hacer un corto interesante, luego pensé en algo más, quizá una videoinstalación, hasta que se me reveló de forma muy clara que tenía ante mí una composición muy nítida de una película”, resume.

Seducido por la forma de dialogar de sus protagonistas, todos ellos actores no profesionales pero “con la facultad de crear vidas ficticias y emociones verdaderas frente a la cámara”, confiesa su atracción por acercarse a “las historias de siempre, pero contadas desde una perspectiva inédita, redescubriendo cosas comunes gracias a una nueva mirada”.

Poco amigo de resumir en unas líneas el contenido de sus relatos, ya que para él “lo importante no es lo que pasa, sino cómo pasa”, la película acompaña al profesor en un doble viaje acompañado por sendas musas, una morena que le conduce a la Arcadia, al paraíso junto a unos pastores sardos, y una sombría rubia que le conduce hasta las puertas del antiguo Averno.

A lo largo del apasionante recorrido, el realizador propone una honda reflexión en torno al poder de la palabra y la poesía, abriendo puertas a infinidad de cuestiones como la difícil relación de los universos paralelos que son el hombre y la mujer, la raíz de la violencia de género, la búsqueda de la belleza y la armonía a través del arte, la inefable inspiración, la coexistencia con la naturaleza e, inevitablemente, el amor.

Un descubrimiento continuo

Guerin aseguró que afronta sus creaciones como procesos de descubrimiento, y explicó que va guionizando sus historias “sobre la marcha”, ya que, para él, “el cine es esencialmente movimiento”. Es por ello que este último trabajo evoluciona cruzando transversalmente sucesivos géneros narrativos, comenzando en clave de documental, para caminar luego firme a través de la ficción, apoyado en recursos como el humor, el melodrama o incluso el suspense, que hacen que el espectador se vaya “reubicando” constantemente frente a la película. Él mismo reconoció que con esta obra, “como nunca antes”, ha sentido que era el primer espectador de una historia que iba descubriendo mientras le daba forma. “Frente a los directores que utilizan el cine para dar sermones o hacer denuncias, yo me valgo de él para descubrir algo, para alcanzar una revelación de la cual hacer partícipe al espectador”, valora.

“Me preocupa que el cine sea en general algo muy endogámico, que suele nutrirse de sí mismo, de otras películas, y creo que es muy enriquecedor que dialogue con otras disciplinas, como la literatura, la arquitectura o el arte”, expuso. Tras precisar que en esta obra ha pretendido crear “una puesta en escena y una celebración de la palabra filmada”, subrayó la necesidad de la literatura como “salvación” para el ser humano. No en vano, su protagonista, Raffaele Pinto, asegura durante el metraje que “somos prisioneros del lenguaje” y que “del lenguaje no se sale”. “Además”, precisa Guerin, “no es bueno salir del lenguaje, ya que al perderlo nace el grito, y luego llega la agresión”, un pensamiento que le lleva a concluir que “la violencia de género está muy ligada a la pérdida del lenguaje”.

Guerin manifestó su alegría al descubrir que la película “defiende las Humanidades” en tiempos en que están siendo “desterradas de la educación”, algo cuyas consecuencias no tienen ninguna duda de que “vamos a pagar”. Además, cuestionado sobre la situación actual de Cataluña, confiesa que en su tierra natal “llega a cansar que te digan cada día que estás viviendo una jornada histórica”, ya que “uno necesita la vida cotidiana” y la situación política actual que allí se vive lleva, a algunos como él, al “autoexilio interior”.

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