Diario de Valladolid

Toros en la comunidad

«Sé que sin sacrificio no conseguiré mi sueño»

Ricardo Maldonado. El novillero quiere el desquite en Ávila. Decepcionado por su actuación en Valladolid el 13 de mayo, tiene puesta la mirada en el coso abulense / «He aprendido de los errores y no voy a esconderme», dice

Ricardo Maldonado-Pablo M. Gil

Ricardo Maldonado-Pablo M. Gil

César Mata
Publicado por
César Mata

Creado:

Actualizado:

El rejonazo anímico aún puede contemplarse en el rostro de Ricardo Maldonado. Sin estar abatido, el espigado diestro de Tierra de Campos, tiene la sonrisa a media asta. Su intervención en la novillada picada del pasado 13 de mayo en la plaza de toros de Valladolid, en la festividad del patrón de la ciudad y los coletudos, no le ha dejado buen sabor de boca. Es consciente de que el juego de su lote de utreros de la familia Revesado, sin la certidumbre y la fijeza necesarias en sus embestidas, no son excusa para la imagen, difusa, que transmitió a los tendidos.

Pide, entre los soportales de la Plaza Mayor vallisoletana, un café con leche. El gesto indica reflexión y examen de conciencia. Una oportunidad perdida o una ocasión impagable para obtener conclusiones de algunos porqués inevitables en toda trayectoria.

Si se le pregunta sobre su aspecto circunspecto, eleva el rostro y responde con franqueza: «Pues, hombre, es que yo tenía tanta ilusión por hacer las cosas bien, por triunfar, y por dar una alegría a toda esa gente que está pendiente de mi, y encima aquí, en Valladolid…». Y deja que la frase acabe sola. Podría decirse que en apenas unas horas Maldonado, un diestro con planta y proyección, ha madurado. Al menos se ha hecho consciente.

Tendrá usted que tener en cuenta, cabe decirle, que ni todos los novillos embisten como los de El Torreón en la feria de septiembre, ni todas las tardes son redondas: «Ya, ya… si eso saberlo lo sé, pero yo lo que quiero es entender lo que hay dentro de mí para superar barreras y seguir creciendo como torero, como profesional. Que no todo va a ir bien ya me lo va enseñando la vida, pero es que ha sido un palo grande». Ha elevado el tono y, tras un nuevo sorbo al café, parece que la luz va iluminando la mirada, antes apagada, sumergida en los recuerdos de una mala tarde.

Al chaval se le nota que quiere enfrentarse a la realidad:: «Sé que mañana o pasado ya estaré mejor de ánimo, ahora estoy fastidiado, y mucho. Sé que hay límites, que los iré superando, pero tengo que dar con la clave. El primer valor que necesito es el de reconocer los errores y los fallos. Y no voy a esconderme. Me gusta saber las cosas, y que me las digan. Mi padre ha sido el primer que me ha hablado claro, y duro, y lo agradezco».

Sabe Maldonado que saber pisar cada terreno supone una exigencia diferente. De disposición y de técnica. No lo oculta: «Sé que debo crecer y evolucionar, y potenciar la firmeza ahí donde no me siento igual que cuando embarco una embestida… Lo sé, y ahora tengo que superarlo, ese es mi reto en mi evolución técnica. Tengo un sueño que cumplir, y sé que hay un sacrificio, un crecimiento que seguir, y por mi parte no va a quedar, desde luego».

Aunque nota el escozor reciente de una tarde con incertidumbre, el horizonte le anima. El 20 de junio le esperan dos ejemplares de El Sierro en la plaza de Ávila. Tiempo suficiente para que la reflexión gane terreno a la duda.

tracking