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Los negocios de toda la vida: las papelerías, farmacias y pescaderías de barrio de Valladolid
Desde las calles San Lázaro, Gamazo y Portillo de Balboa, Eva Real, Virginia Fernández y Ana Casal se sitúan a la cabeza de diferentes comercios de proximidad que dan vida y servicio a estas áreas vallisoletanas y sus vecinos

Ana Casal y Rubén en la Pescadería Fichen Laden.
Algo distintivo que marca la vida en las grandes ciudades son sus pequeños comercios, los negocios de toda la vida, dotando de servicios a los barrios de Valladolid y sus vecinos. Estos negocios son conocidos comúnmente como el comercio de proximidad, establecimientos fundamentales para la economía local que con el paso de los años ha ido perdiendo espacio y clientela a favor de las grandes superficies, pero multitud de emprendedores siguen manteniéndose a pie de calle, dotando de vida a la localidad.
LIBRERÍA GOYO
Uno de estos negocios es la librería y papelería ubicada en la calle San Lázaro número 13 del barrio de La Victoria. La Librería Goyo lleva 40 años en funcionamiento, pasando de mano en mano para seguir dando servicio en esta área de la ciudad. Fue hace más de 20 años que Eva Real y su marido, Daniel Sotelo, se situaron a la cabeza de este establecimiento tras haber sido traspasado por su anterior dueño, pero esta no es la primera librería que abre la pareja. Naturales de Valladolid, juntos emprendieron en Cancún, México, donde llegaron a contar con dos librerías-papelerías. «Ambos nos fuimos de España muy jóvenes a emprender y tuve la suerte de trabajar allí con un español que me enseñó el negocio», explica Real.

Eva Real y su marido, Daniel Sotelo, en la Librería Goyo.
El cambio de Cancún a Valladolid fue complicado, ya que empezaron en «una librería muy pequeñita», pero han ido creciendo hasta el momento actual, en el cual el negocio ha crecido hasta «ser el triple de lo que era». Así han creado un negocio que «es más que una librería, somos papelería escolar y de oficina, centro de copiado, juguetería de juego didáctico y educativo», además de ser un punto de recogida de paquetes. «Poco a poco hemos ido ganando clientela, nos han ido conociendo y es una satisfacción muy grande porque es un barrio muy acogedor. Es un pequeño pueblo, una gran familia».
FARMACIA GAMAZO 30
Por su parte, ubicado en el corazón de la ciudad del Pisuerga se encuentra la Farmacia Gamazo 30, la cual lleva seis años dando servicio desde la calle Gamazo número 30 a los vecinos de la zona. A la cabeza de este negocio se sitúa Virginia Fernández, que contaba con experiencia previa estando a la cabeza de un establecimiento farmacéutico en otra ciudad y se trasladó a la capital vallisoletana para estar más cerca de su familia.

Virginia Fernández y sus trabajadoras en la Farmacia Gamazo 30.
«Siempre me ha gustado mucho la farmacia, tanto por mi carrera como por mi entorno, que ya contaba con este tipo de negocios, por lo que lo he vivido lo que es tener un negocio de cerca. Me encanta mi profesión, por ello, aunque estuve trabajando unos años para otras personas, al final me animé a comprar mi propia farmacia», apunta Fernández.
Así ha contribuido a mantener el negocio de proximidad, algo que le parece «superimportante porque estamos en la calle, en el día a día. La compra online da mucha comodidad a los consumidores, pero nosotros estamos ya si lo necesitas. Tenemos bastantes peligros a nuestro alrededor que nos lo está haciendo muy difícil por lo que creo que es importante el que haya iniciativas y ayudas para potenciarnos un poco y que sigan existiendo pequeñas tiendas en nuestros barrios».
PESCADERÍA FICHEN LADEN
Del otro lado de la ciudad se puede encontrar en el barrio de la Rondilla, concretamente en la calle Portillo de Balboa número 31, la Pescadería Fichen Laden, liderada por Ana Casal. Hace seis años desde que el negocio paso a sus manos tras haber sido una trabajadora de la pescadería durante otros siete años, un periodo en el que aprendió todo lo que sabe acerca del sector y lo necesario para estar a la cabeza de un negocio. Esta experiencia anterior hizo que el traspaso fuera más sencillo para Casal dado que ya estaba familiarizada con el establecimiento y la cercanía que había desarrollado a lo largo de los años con los clientes.

Ana Casal y Rubén en la Pescadería Fichen Laden.
«Como es lo que he hecho toda la vida y me gusta, me quedé con el negocio tras jubilarse los antiguos dueños. El cambio no fue muy drástico porque era seguir haciendo lo que ya estaba realizando habitualmente, pero se me hizo más sencillo gracias a que los antiguos dueños estuvieron un tiempo acompañándome a comprar y orientarme para que me fuera más fácil. Además, los vecinos me han hecho una más de casa, todo el mundo me conoce, he estado toda la vida aquí y cuando entran los clientes me sé el nombre de todos. Tengo a mi clientela de siempre, que me cuida mucho», incide Casal.