Españoles lejanos
Me niego a cambiar de canal. Me duele Ceuta. Miles de compatriotas desprotegidos. Son los españoles lejanos. Llevan sesenta días y sesenta noches de calvario. Una sociedad que sigue sufriendo la inactividad pasmosa de un gobierno lento e irresponsable. Un gobierno que, en ocasiones, es raudo y veloz cuando se le amenaza y espolvorea por la izquierda, la de verdad. Ya sé que Maricarmen ganó la batalla. Vive Dios que me alegro mucho por esta anciana con la que se iba a cometer un atropello injusto. Alegría compartida por las gentes de bien. Quedamos muchos inquilinos vivos. Y al final, lo de Maricarmen se arregló, pero nadie fue capaz de ver venir “la que se avecina”. Estaba cantado el impacto social que tiene un desahucio incomprensible. Y este lo era. He ahí la cuestión. Fuimos muchos los que nos solidarizamos. Maricarmen ha abierto la puerta de la vivienda para todos los que la necesitan. En ello estamos. La izquierda y su gobierno se han dado cuenta años después del problema. Nos hemos dado prisa... Donde no hay prisa y sí calma macabra es con el asunto de los que viven en Ceuta. La opinión pública en el territorio nacional tiene el corazón partido y dice “pobrecitos los ceutíes, pero más pobrecitos son los migrantes que no tienen nada y vienen en busca de pan”. Y es verdad. Nuestras costas con sus playas son el parachoques invisible y quienes reciben miles de migrantes. Es como una maldición que cae sobre la arena de oasis y paraísos del ocio de una rica sociedad del turismo. Ceuta, que es la que más apremia, sigue ocupada por un ejército de almas en busca de la libertad. Todos tenemos inclinación a ponernos de lado de Espartaco. Pero en esta ocasión no hay revolución social ni ejercicio de caridad, al menos en la mayoría. El generalato de esta invasión migrante está en Marrakech y es de sangre azul o como sea el color de ese linaje norteafricano. Pero con Ceuta no hay prisas ni dotaciones, ni relevos, ni medidas que impidan tragedias venideras. Que vendrán si no se acelera todo cuanto antes. Y que Exteriores mueva el culo en Europa y su crisis migratoria y pare los pies a Marruecos. No hay… De la acampada del Trampolín a la de Sol. En este país ya no se puede vivir. No hay dónde. Bien mirado, Maricarmen ha servido para que el gobierno revise sus faltas y aborde la vivienda a toda leche, problema vital que está deteriorando el crecimiento cultural y económico de toda una generación. Dicen que hay que construir viviendas sociales, residencias de mayores y bloque de apartamentos para estudiantes y jóvenes. A ello. Y que a los quebrantahuesos no se les deje anidar. Por ahora, ya tengo a mano la tienda de campaña con sus vientos. Y el tirachinas para matar buitres. Y a Ceuta en la prioridad nacional.