Diario de Valladolid

Pablo Junceda

Director general adjunto del Banco Sabadell

¿A quién quieres más?

Pablo Junceda, con sus gafas de IA en la ponencia inaugural del Foro Somos Castilla y León.

Pablo Junceda, con sus gafas de IA en la ponencia inaugural del Foro Somos Castilla y León.JUAN GARCÍA

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Comienzo «tirando de datos»…según el INE (Instituto Nacional de Estadística) el 45,8% de la población residente en España está casada. Si a este dato le sumamos las «parejas estables o de hecho» esta cifra supera claramente el 60%.

Y de las parejas (esa más que mitad de españoles y españolas), ¿Cuántos tienen hijos?...podríamos hacer la prueba aquí mismo y preguntarles a ustedes. Pero vamos a seguir con datos: siguiendo nuevamente al INE, el 64% de las parejas casadas conviven con hijos y de las parejas estables aproximadamente un 48%.

¡¡A estas alturas de mi intervención estarán Uds. pensando que me he equivocado de Foro y que quizá estos datos encajarían más en una jornada sobre crecimiento demográfico o sobre las familias…pero tengan algo de paciencia y permítanme que les explique…!!

Los que tienen/tenemos hijos, casi siempre hemos escuchado alguna vez esa pregunta que suelen hacer los amigos o en algunas ocasiones las suegras a nuestros pequeños… «Y tú… ¿a quién quieres más a papá o a mamá?...»

Y, como los niños tienen esa inteligencia natural tan humana y tan libre de condicionantes, siempre suelen responder de forma extraordinariamente inteligente… «A los dos».

Su respuesta es lógica, inteligente e intuitiva sencillamente porque el niño no entiende que tenga que escoger. No necesita decidir quien es mejor, quien le aporta más o de quien puede prescindir. Papá y mamá son diferentes, cada uno tiene su forma de acompañarle, de enseñarle y de ayudarle. Y precisamente por eso, los dos forman parte de su mundo.

Quizá con la IA nos estamos haciendo erróneamente una pregunta parecida ¿IA si o IA no?. Como si tuviéramos que elegir entre las personas y la tecnología. Como si aceptar la IA significara renunciar a nuestra experiencia, a nuestro conocimiento o -incluso- a nuestra manera de hacer las cosas.

Y quizá la respuesta deba ser la misma que la del niño: «...quiero a los dos…»

Y esto debe ser así porque no se trata de escoger entre personas e Inteligencia Artificial, sino de entender que estamos ante una nueva etapa de nuestra evolución como seres humanos. La IA no tiene por qué sustituir aquello que somos; sino que puede y debe ayudarnos a potenciarlo.

La IA puede proporcionarnos más datos, más información, más conocimiento y acceso a una experiencia acumulada que hasta hace muy poco era imposible manejar.

Puede ayudarnos a, analizar mejor, encontrar respuestas más rápidamente, detectar nuevas oportunidades, anticiparnos a los problemas y tomar decisiones con las elementos y criterios.

Pero estemos tranquilos: hay algo que la tecnología no puede quitarnos… la capacidad de decidir nosotros que hacemos con todo aquello que sabemos y que nos puede enseñar la inteligencia artificial.

Es muy lógico; tener más información no nos hace automáticamente más inteligentes. Lo que puede hacernos mejores es saber utilizarla y, aquí, es donde las personas seguimos siendo absolutamente esenciales, aplicando lo que nosotros tenemos y la tecnología (al menos de momento) no tanto: criterio, empatía, intuición, creatividad, responsabilidad, sentimientos y -sobre todo- nuestra capacidad para comprender a otras personas y ponernos en su lugar más allá de los algoritmos.

Si vamos a ejemplos concretos y en mi sector (el de la banca) podría darles muchos, así,

• la IA puede ayudarnos a conocer mejor a un cliente, pero somos nosotros quienes debemos escucharlo. La IA puede darnos muchas respuestas, pero somos nosotros quienes debemos hacer las preguntas adecuadas. La IA puede mostrarnos muchos datos, pero somos nosotros quienes debemos convertirlos en decisiones.

E, incluso, fuera del sector bancario y adentrándonos en la vida persona, ¡¡la IA puede ayudarnos a buscar pareja…pero sólo nosotros podemos enamorarnos…!!

Precisamente por eso comenzaba mi breve exposición de hoy poniendo esta idea en contexto: quizá no tengamos que preguntarnos si queremos más a «papá» o a «mamá». Ni siquiera si preferimos personas o inteligencia artificial.

La verdadera pregunta debería ser otra: ¿cómo conseguimos que la tecnología y las personas se hagan mejores mutuamente?

La evolución no consiste en sustituir lo anterior cada vez que aparece algo nuevo sino que consiste en incorporar lo nuevo para mejorar lo que ya somos.

De esta forma, la tecnología y la IA puede darnos una herramienta extraordinariamente poderosa y como tal herramienta no debemos desaprovecharla sino utilizarla y aprovechar todo lo que puede ofrecernos sin por ello perder aquello que nos hace diferentes porque nos hace humanos.

Dicho esto, voy a tratar de compartir con todos Uds. mis reflexiones personales sobre este «fenómeno tan fenomenal» que nos ha tocado vivir.

El escritor y periodista Manuel Chaves Nogales -representante en tiempos muy convulsos de la España abierta, plural y reflexiva- dejó escrito en los años 30 que «Toda revolución me ha parecido siempre, con el debido respeto, algo tan pernicioso como cualquier reaccionario». Aprovecho estas palabras que ponen al mismo nivel la revolución y la involución tan propia de los reaccionarios para tratar de explicar cómo veo yo la irrupción -casi desbocada y en poco tiempo- de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas y en nuestros desempeños profesionales.

Está claro que estamos ante un cambio disruptivo que tiene enormes ventajas en términos de competitividad y comodidad, pero también riesgos que afectan a la seguridad y a la veracidad.

Esta revolución -porque sin duda, es una auténtica revolución- no debe generarnos miedo, sino precaución.

Y, sobre todo, como les decía al principio, no podemos tener una actitud de rechazo, porque eso sí que sería realmente pernicioso.

La IA ya está aquí y no hay vuelta de hoja; en nuestras manos está utilizarla bien y convertirla en una herramienta tan necesaria como confiable.

En ese camino que todos debemos recorrer, se necesitan socios fiables capaces de diferenciar el grano de la paja, establecer marcos de debate y reflexión y clarificar escenarios. Esa es la labor que lleva a cabo El Mundo de Castilla y León con este Foro Somos Castilla y León tan acertado que celebramos estos días.

La IA está transformando la manera de trabajar, de informarnos, de tomar decisiones. Hablamos de personas distintas, de necesidades variadas, de ámbitos de acción diferentes.

Estos son, principalmente, los motivos por los que no podemos abordar estos retos desde una única mirada. Y, sobre todo, debe ser la sociedad en su conjunto la que responda y marque los límites y las posibilidades de la Inteligencia Artificial. Así, haremos que su uso y aplicación se haga de forma responsable para que beneficie a todos. Dejarlo en unas pocas manos -sobre todo de las que la diseñan -es un error que podemos pagar muy caro.

En las empresas estamos afrontando la Inteligencia Artificial como una oportunidad tecnológica que nos hace ser más competitivos. Tratando de utilizar la tecnología para ser más innovadores, eficientes y aportando un mejor servicio al cliente. Les hablo de las empresas en general, pero centrándome en el sector de las entidades financieras en particular, -campo en el que llevo ya más de 30 años-; la IA puede aportarnos grandes ventajas como, pensar en modelos de negocio diferentes a los actuales, con nuevos productos y servicios; automatizar procesos complejos mejorando la eficiencia operativa y reduciendo errores; procesar grandes volúmenes de datos que permite realizar análisis más profundos y precisos; mejorar la accesibilidad y la calidad del servicio; detectar el fraude en etapas tempranas identificando patrones sospechosos y anomalías; ayudar en la prevención de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo, reforzando así la seguridad de todos; dar soporte en los sistemas de la calificación del riesgo de crédito.

En concreto, en el Grupo Banco Sabadell estamos implementando funcionalidades IA en tres ámbitos principales:

Mejora de la experiencia de los clientes y su relación con la entidad; impulso de la sistemática comercial facilitando la tarea de nuestros Equipos; y la mejora de la eficiencia operativa.

Todos estos procesos, permiten también a nuestros empleados, centrarse en enfocar sus esfuerzos hacia tareas de alto valor añadido evitando acciones y tareas repetitivas; enfoque que claramente beneficia a nuestros clientes que lo que nos demandan es que les dediquemos tiempo; pero tiempo de valor.

Al final, quiero dejarlo claro, la IA está revolucionando el mundo financiero para hacer más eficiente la operativa y para favorecer la seguridad de las operaciones.

En este contexto, teniendo como premisa que la IA debe hacer más competitivas y eficientes a las empresas, no podemos olvidar que todo ello ha de enfocarse hacia un mejor servicio y atención al cliente. ¿Por qué? Porque nada somos sin ellos.

Como ya he comentado, la IA permite personalizar la atención a través de sistemas predictivos que adelanten los procesos. Es decir, adelantarse en lo posible a sus necesidades.

Uno de los elementos que más están avanzando en ese sentido son los sistemas de visión artificial, que nos permiten establecer lo que definiríamos como el «contexto del cliente», elaborado a partir de sus operaciones habituales, su historial financiero, las comunicaciones en el tiempo con sus asesores, sus preferencias, etcétera; todo ello monitorizado por la Inteligencia Artificial.

Los ejemplos a señalar pueden ser múltiples, pero les esbozo solo dos:

Un cliente que tiene un comportamiento habitual y reiterado en sus operaciones, comienza a generar un ahorro creciente y a consultar diversas formas de inversión a través de fondos que prioricen proyectos sostenibles. La IA detecta ese patrón y el gestor puede preparar información que facilite la decisión del cliente. Más allá de informaciones genéricas a múltiples clientes del banco, se personaliza la acción.

Otro ejemplo tiene que ver con la seguridad. La IA, como todos saben, facilita, importe y frecuencia de las operaciones, ubicación y dispositivo utilizado, historial de comportamiento del cliente, destinatario de la transferencia, cambios repentinos en los patrones de uso, señales de robo de identidad o apropiación de cuentas, relaciones entre cuentas para descubrir redes de fraude.

En este contexto, cualquier comportamiento inusual, puede generar alertas tanto al cliente como al banco. Y hacerlo en segundos, y no en días, como ocurría antes, lo que protege de forma significativa a nuestros clientes.

Por estas y muchas otras causas, me atrevería a decir que la banca es uno de los segmentos empresariales más afectados por la IA; y lo hago apoyándome no sólo en la realidad diaria de la entidad a la que pertenezco, SINO también en informes sobre blanca global como los de la consultora McKinsey.

Además, en el camino que se vislumbra hacia adelante la banca se encontrará con un nuevo consumidor más exigente que nos obligará a pasar de un enfoque de segmentación amplia a la individualización (un «segmento de cliente de uno»), ofreciendo un acceso hiperpersonalizado y basado en datos a productos y servicios que generen confianza en una era de «lealtad menguante», que es la que nos ha tocado vivir hoy.

El historiador y periodista italiano Indro Montanelli escribió en su magnífica ‘Historia de Roma’ que «Lo que hace grande la historia de Roma no es que haya sido hecha por hombres diferentes a nosotros, sino que haya sido hecha por hombres como nosotros».

La frase se sustenta en la idea de que las personas de cada tiempo deben afrontar retos y riesgos diferentes para mejorar lo que se encuentran si no quieren quedarse atrás. Es decir, que no somos ajenos a nuestro propio devenir. Pero las empresas y los bancos -que son una empresa más- estamos también inmersos en una profundísima discusión que afecta a toda la sociedad. ¿Cuál es esta discusión? Pues que sin que haya evidencia alguna de lo que puede suponer, ya se habla de la IA como amenaza existencial para la humanidad o, en el extremo contrario, como una herramienta que dará al hombre poderes cuasi divinos.

Así, entre el miedo y la ambición transcurre el mito que nos cuentan algunos líderes de la IA. Por ejemplo, sobre el miedo: «El desarrollo de inteligencia artificial superhumana es probablemente la mayor amenaza para la supervivencia de la humanidad». (Sam Altman, Open AI). O por ejemplo, sobre la esperanza: «La IA nos traerá una increíble era de abundancia» en la que el trabajo será «opcional» y el dinero «irrelevante». (Elon Musk, Tesla).

Ambos relatos confluyen en un punto: la IA será trascendental en la historia de la humanidad. Pero… ¿quién tiene la razón?

Es pronto para saberlo, aunque podemos esbozar alguna respuesta como la que da Global Risk 2026 del Foro Económico Mundial de Davos, la encuesta de percepción de riesgos, que reúne las opiniones de más de 1.300 expertos y líderes políticos y empresariales, y sitúa a la IA en el puesto 30 entre los riesgos a corto plazo, y la eleva al quinto a 10 años vista. Por tanto, no es un riesgo relevante al menos en los próximos diez años.

Pienso que quizá deberíamos recordar aquella inscripción del Templo de Apolo en Delfos que decía «nada en exceso» que nos recordaba la importancia de huir de los extremos y alcanzar así el equilibrio y la virtud, huyendo de quienes piensan lo contrario y apuestan por aquello de «todo en exceso» que proclaman algunos apóstoles de la IA más preocupados por su cotización en bolsa que por el devenir de los pobres mortales entre lo que nos encontramos.

A estos «apóstoles» del exceso, deberíamos decirles que asusta pensar que con una fracción de los billones de dólares que se van a dedicar a la inversión en IA, de forma especulativa y sin tener previsión de su utilidad, se podrían erradicar el hambre y la pobreza globales que tanto afectan a la dignidad humana.

Podemos hacer grande esta historia -como dice Montanelli de la Roma imperial- o «parir un ratón». Está en nuestras manos.

Y esto que les acabo de decir parece que comienza a asentarse en el pensamiento colectivo… En una curiosa inversión de papeles, hace pocas semanas, algunos de los propios responsables de las empresas que están desarrollando la IA más avanzada están pidiendo que se baje el ritmo.

Asi, Dario Amodei, CEO de Anthropic señaló, por ejemplo, que «No sabemos todavía controlar suficientemente sistemas que cada vez son más autónomos y capaces, así que no deberíamos simplemente seguir aumentando su potencia al máximo ritmo».

¿Y qué propone?, evaluadores independientes dentro de los laboratorios, estándares de seguridad compartidos, cooperación internacional, más tiempo entre saltos de capacidad y despliegue, coordinación entre las grandes compañías para establecer límites de seguridad.

Es decir, propone sentido común que es un atributo de los humanos y no de las máquinas. Por cierto, algunas de estas cuestiones, como los mecanismos de protección o las auditorías independientes, son citadas expresamente por el Papa León XIV en su reciente encíclica ‘Magnifica Humanitas’ que -si no la han leído ya- les recomiendo encarecidamente que lo hagan.

Decía el filósofo griego Agatón de Atenas, allá por el Siglo V a.C. que…

«Lo único probable es que a los mortales les suceden muchas cosas improbables».

Y, para tratar de dejar «atadas» lo más posible las cosas improbables que nos pueden suceder, debemos poner a trabajar más que nunca a los poderes públicos, cuya labor no es ser empresarios, ni hacer empresa… sino facilitar y canalizar la actividad económica para que fluya con libertad, con seguridad y sin cortapisas en beneficio de la Sociedad.

Bajo esta premisa, estos poderes públicos deben establecer marcos regulatorios claros y confiables en los que prime el bien común, aquel que se compromete con las personas y defiende su dignidad individual.

Lo importante es saber que no hay una IA, hay muchas. Y cada una refleja unos valores.

Podemos construir una IA basada en la fuerza bruta digital, en el consumo desmesurado de recursos y en la concentración del poder o podemos construir una IA con valores humanos: fiable, transparente, responsable, limitada por principios, orientada al bien común. Lo que yo llamo una «IA europea».

Voy finalizando. La innovación no se mide por la velocidad, sino por el sentido. De nada sirve correr mucho si no sabemos dónde queremos ir. Si dejamos que la tecnología decida por nosotros, perderemos la tarea más noble que tenemos: la de construirnos como humanidad. No me quiero olvidar de que esta jornada se centra en ‘Castilla y León en los tiempos de la IA’.

Castilla y León es actualmente una tierra de grandes oportunidades, con el valor añadido de sectores industriales consolidados; un marco político estable; y un entorno envidiable, donde es perfectamente compatible el crecimiento económico con el bienestar sostenible en el que se incluye la necesidad de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer a las generaciones futuras.

En este contexto Castellanoleonés, la Inteligencia Artificial se presenta como una pieza estratégica que permite desarrollar las oportunidades de Castilla y León, reforzando la competitividad de sus sectores industriales y favoreciendo la modernización de su tejido empresarial de forma sostenible.

Al mismo tiempo, el avance de la IA pone de manifiesto la importancia -que considero fundamental -de la captación de talento especializado, elementos fundamental para que Castilla y León pueda aprovechar las oportunidades que ofrece la transformación digital y consolidarse como un territorio atractivo para la innovación y la inversión tecnológica.

Podríamos hablar de proyectos concretos en la industria agroalimentaria, la gestión forestal, los sistemas agrosilvopastoriles, la industria de la automoción y muchos otros.

Incluso puede servirnos en labores sociales, como bien indicó el Rector de la Universidad de Salamanca, el Profesor Juan Manuel Corchado: «La IA debe adaptarse a todas las capacidades humanas». Y créanme que en Castilla y León tenemos muchas, muchas capacidades.

Concluyo ya y vuelvo al principio: Dejemos de preocuparnos de si queremos más a «papa» o a «mamá» ya que los dos son necesarios, valiosos y juntos nos «construyen» como personas.

La Edad Digital acaba de comenzar; es un hecho y no tiene vuelta atrás. Trabajemos juntos para que sea, desde hoy mismo, una era verdaderamente humana y seamos los mejores «padres» pensando en las siguientes generaciones.

Muchas gracias.

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