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No sé si tienen razón o no la tienen los detractores de las plantas de biogás que amenazan con implantarse en algunos municipios de Castilla y León, alterando el paisaje y también el paisanaje, ya que las noticias “iniciales” de profetizar considerables trastornos para algunas poblaciones que tienen mucho que perder y muy poco o nada que ganar. Por eso creo necesario que los políticos informen con claridad de las ventajas y, sobre todo, de los inconvenientes que tales industrias plantean. Y aunque nunca he sido partidario de oponerme por oponerme a nada que ofrezca un futuro para esta tierra que ha quedado apartada de los grandes cauces del progreso, me pregunto –con mucha preocupación– si todo lo que enuncian los detractores, a tan complicados proyectos, tiene o no tienen razón; sobre todo cuando hablan de los malos olores, la contaminación, la pérdida de espacios naturales y la escasez de puestos de trabajo. Pues eso representa poco aliciente y mucho quebradero de cabeza.

En la mayoría de nuestras provincias se viven con preocupación los anuncios del biometano y ya se han convocado concentraciones para oponerse de modo muy tajante a que todas esas hipotéticas empresas se salgan con la suya, es decir que sus labores afecten negativamente a la vida de muchas poblaciones vaciadas y ya desafortunadas en nuestra Comunidad Autónoma. Porque es realmente preocupante la falta de claridad por parte de las empresas que desean instalarse en determinados lugares, que de momento no están afectados por la extrema contaminación. Porque el biogás guarda muchas incógnitas que nadie nos ha explicado como es debido.

Tampoco sabemos qué tipo de ventajas acompañan a esas instalaciones, ni qué oportunidades se ofrecen a los pueblos y pobladores directamente afectados, porque a nadie le gusta vivir en un estercolero y sin embargo algunas instalaciones se anuncian a escasa distancia de importantes poblaciones.

Y como siempre he creído que las cosas han de explicarse con nitidez, pido a los alcaldes de los municipios afectados y a las empresas interesadas en la implantación de sus proyectos que argumenten con celeridad y con verdad –sobre todo con verdad– todo cuanto pudiera suceder: todo lo bueno y todo lo negativo, para que los ciudadanos no hablemos por hablar y sepamos qué es lo que nos espera cuando esas plantas comiencen a funcionar.

Supongo que se trate de negocios especialmente rentables, pero los políticos que nos representan han de estar a la altura para definir todo lo que tengan que definir.

Ya que si lo negativo es tan negativo como nos cuentan las plataformas que se oponen a la construcción de esas plantas, convertiríamos nuestra tierra en un gran vertedero. Pido solamente claridad.