Creado:

Actualizado:

La vuelta al cole parlamentaria ya ha separado a los que irán a reválida de los aplicados de la clase y no ha hecho más que empezar. También se ha visto quienes buscarán bronca en el recreo y quienes no se ajuntan. Los nuevos socios ensayan el chotis que se tendrán que marcar forzados al menos hasta que Sánchez convoque elecciones para aparentar unidad y en el lado de la oposición, Martínez se ha empezado a ganar el sueldo de secretario general de los socialistas de Castilla y León con miras también a que no le llamen la atención en su próxima visita a la sede de Ferraz. Para ello ha elegido el parlamento autonómico para posicionarse en la corriente oficialista de su partido, que defiende que en Ceuta no pasa nada, ni ahora ni nunca, y que eso de que haya moros a la vista es cosa de fachas. El soriano, autor de cuatro mayorías absolutas en su bellísima tierra, se halla desnortado en Valladolid y parece haber perdido el olfato político recitando un ripio que se va a pique y replica cual loro pirata la versión de Moncloa de lo sucedido en territorio ceutí. Cualquier cosa con tal de no admitir que aquello es un carajal que no lo arregla ni Tezanos, ese que no las ve porque no las mira y ni falta que hace porque se las inventa. Martínez se quedó sólo en las Cortes castellano leonesesas argumentando contra viento y marea, como si quisiera ganar puntos siguiendo la estela de Puente, Óscar, que es mucho puente para tan poco arroyo. Lo de Ceuta es un sindiós y mejor hubiera hecho el exalcalde soriano en pasar de todo y seguir a lo suyo. En la época del cine español más taquillero, Ozores, el maestro del humor, recurría frecuentemente a colocar entre los personajes a algún pasota, al que todo le resbalaba y de todo pasaba. ‘Yo paso’, decíamos los chavales de entonces por imitación. Aquel estereotipo ochentero no ha muerto sino que lo hemos reconvertido y, de hecho, hoy tenemos pasotismo a tope, tronco. De tanto pasar de todo ya no hay ni pobreza energética ni infantil ni paro ni escasez de vivienda. Si los hubiera ardería la calle en tales disturbios y manifestaciones que ríase usted de los chalecos amarillos de Francia. Por no haber, ni rastros de delincuencia asoman en el bello horizonte de los mundos de Yupi, que era un muñeco mal hecho pero con más credibilidad que los portavoces del pacto Frankenstein del Congreso de los Diputados y en las Cortes, especialmente en las filas que comanda Martínez. De Ceuta se pasa cantidad en ciertas esferas políticas, pero el viernes pasado en el estadio de El Plantío, diez mil personas aplaudieron al equipo ceutí y proclamaron que todos eran ‘caballas’. Es mucha gente para ir por la vida pasando de todo aunque el CIS te perdone la vida.