Diario de Valladolid

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Servidor es uno de esos españolitos a los que se les ha subido la bilirrubina con lo del Mundial. Dicen algunas teorías que la españolidad y el abuso de los símbolos nacionales están permitidos semanas después de la gloriosa ascensión a los cielos de nuestra selección nacional. Yo, que nunca he negado ser rojigualdo, mire usted por dónde, voy a alargar el periodo que nos exime del recalcitrante fascismo por utilizar toda esa simbología que ha convertido a centenares de miles de jóvenes en orgullosamente españoles. Y sin entrar en más diatribas ni florilegios sobre dónde reside la españolidad y la representación de una nación por parte de su bandera. El ejemplo del fenómeno cultural –que sí que lo es- de la Copa Mundial de Fútbol nos debería de servir para reflexionar de una vez por todas sobre el respeto a la enseña nacional. Hubo un tiempo en el que nos contaban que por esa bandera había que morir si era preciso. Algunos lo juramos en nuestro periodo militar. Hoy no nos vamos a poner trágicos, pero sí que debiéramos de contar a nuestros jóvenes y jóvenas que algunos sí estamos dispuestos a empeñar nuestra vida en defender lo que significa. Buen momento para plantearse la defensa de la bandera. Nada que ver con los cafres del norte y del noreste –una parte de vascos y de catalanes- que siguen protagonizando una incompresible defensa de un nacionalismo trasnochado que ataca y hiere al resto que no piensa como ellos. Pero la bandera es mucho más. Es la que tenemos. Incluso con la ausencia de texto que nos impide cantarla todos con emoción en algunos momentos. Pero es lo que hay. Herencias recibidas y miedo a afrontar un nuevo texto. Una partitura que nos permita estar y ser orgullosos de pertenecer a un viejo país cansado de hacer historia. El día que la bandera presida toda nuestra vida social y que encabece las manifestaciones que reclamen justicia y que se enfrenten al poder sean del signo que sean, solo entonces la bandera de España será de todos. El ejemplo del Mundial y de una generación que ha hecho suyo el orgullo español nos podría servir para tomar nota. El día que todos nos sintamos “español y muy español” sin distinción de raza o credo, ese día nos podrán ir un poco mejor las cosas de la patria. Me voy de vacaciones. No sé si merecidas o no. me voy con una estrella más en la camiseta y la frente muy alta por pertenecer a una nación campeona del mundo, pero en muchas cosas. Luis de la Fuente, presidente. Nos leemos a la vuelta. Me voy con el humo de la pena negra y mucho me temo que habrá más lágrimas. Los incendios no paran. No sé qué me encontraré al regreso. Sin verde, sin bosque, sin vida.

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