Diario de Valladolid

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Izquierda, derecha, un, dos, tres. El alcalde popular de Medina de Rioseco se ha puesto a jugar a la Yenka con las calles. David Esteban quita el nombre de una calle a Pablo Iglesias, el socialista histórico, (no confundir con Pablo Iglesias, el contemporáneo histérico). ¿Le ha mandado alguien a Esteban hacerlo? Dice él que las buenas gentes de la localidad clamaban por ello durante años y tomó la decisión. Qué casualidad, justo cuando se percata del crecimiento potencial de Vox en su municipio. O sea, que se ha convertido en un ‘mandao’ de ‘VOXkismo’, como antes lo sería del ‘wokismo’. O lo que es lo mismo, pasa del ‘que no me cataloguen de facha’ a ‘que no lo hagan de rojo’.

Un segundo, porque si aún hay alguien que no sabe qué es realmente lo ‘woke’, les doy una fórmula: la distancia que va desde Pablo Iglesias Posse, un humilde tipógrafo que puso su letra socialista en la historia de España, a las poses de un tipo llamado Pablo Iglesias Turrión, de izquierdas sólo porque él lo dice y punto.

Pero bueno, el mensaje que nos deja el popular David Esteban y su calle rebautizada está claro: algunos del PP se pasan al ‘VOXkismo’ de motu proprio porque creen que contentan.

Arguye Esteban que el cambio es para evitar connotaciones políticas en el callejero. A ver si este buen señor puede seguir el siguiente hilo en un laberinto de una sola calle: cuando uno quiere huir de la connotación política, también está adoptando una postura política. No sé en qué posible escenario cree que queda bien, pero ya le digo que en ninguno. Tan solo en el del mejor ‘mandao’: el que hace las cosas sin tener que decírselo e imagina que le estarán agradecido.

¿Se acuerdan ustedes del péndulo de Poe, que bajaba amenazadoramente de izquierda a derecha y de derecha a izquierda? Pues es una tortura ver de nuevo cómo, unos y otros, de ir contra la casta se pasan a ir a por pasta.

De regreso tenemos a Veganzones, y les dejo la rima de la única materia que he visto tocar a este señor. Era quien quería fiscalizar a los sindicatos con la fina estrategia contable de llamarles comegambas. Bien, le tenemos en las Cortes y ya nos gustaría que él y los suyos tuvieran el mismo afán por poner patas arriba la santa casa del ‘cojonudismo’ (con permiso de Unamuno). Veamos si piden de una puñetera vez que allí se fiche y que en un clic tengamos en pantalla viajes y dietas de procuradores, como cualquier hijo de vecino institucional. Porque es la institución más opaca, incluso cuando (oh, ah, por el horizonte se recorta su montura) el húsar Abascal puso a un ‘mandao’ de presidente. Por cierto, la entrada a ese oasis político se llama Plaza de las Cortes. La plaza es fea, pero no se lo merece. Se impone un cambio de nombre sin connotaciones políticas.

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