Diario de Valladolid

La lucha contra el fuego, una batalla intensa que nos concierne a todos

Incendio forestal en Villaquilambre (León) el pasado mes de septiembre.

Incendio forestal en Villaquilambre (León) el pasado mes de septiembre.ICAL

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No deja mucho lugar a la esperanza las primeras declaraciones del nuevo jefe del operativo de incendios de Castilla y León, Ángel Sánchez, primer nombramiento de Mañueco tras formar gobierno. La llegada de Sánchez, un técnico experimentando y devoto de la constancia, la tenacidad y del trabajo, a decir de quienes le conocen y han compartido días con sus noches con él, coincide con la llegada de la primera ola de calor del verano, con temperaturas que rondarán los 40 grados. Con el campo y el monte seco y bastante indómito en un año lluvioso, pese a las bobadas a las que ya nos tiene acostumbrados la AEMET, ese organismo, cada vez más inservible, que predice el pasado, como los economistas. El calor intenso, intensificado a lo largo de los días, con el monte brotado y seco y una jauría de incendiarios desbocados y protegidos por el encubrimiento que todavía subsiste en muchos lugares, como en muchas diócesis con la pederastia, es un cóctel explosivo. Ya puede tener la Junta la 82 División Aerotransportada de los Estados Unidos, que no hay quien contenga, con las condiciones climáticas, a un centenar de terroristas y otros negligentes con el tractor o haciendo labores prohibidas. El mejor ejemplo es Soria. Con las mismas condiciones, el mismo operativo, el mismo consejero y el mismo presidente de la Junta, pese a ser la provincia con mayor masa forestal de España, y una de las mayores de Europa, siempre está a salvo del terror incendiario. Tiene más que ver la concienciación, la colaboración ciudadana, la disposición a señalar al criminal, que el operativo. Bastante más. Como tienen más que ver los criminales que el operativo en territorios históricamente sacudidos por los incendios provocados.

Poner cordura, apuntar las causas y sacar la vileza de la política de las tragedias no está en el rigor de nuestra democracia, por desgracia. Esa entelequia de limpiar el monte en invierno sólo la sostienen ecologistas que no salen de la ciudad y creen que nuestras infinitas masas forestales son los jardincillos públicos de las ciudades. Pero también es verdad que aquí tocaría lo de desregular y una legislación de montes que regrese al origen y convierta a los agentes forestales y la guardia civil en fanáticos perseguidores de un paisano que hace una entresaca para la leña del invierno, sin necesidad de unos trámites burocráticos imposibles para la gente normal. Hay que concienciar y hacer partícipes a los habitantes de los pueblos de la protección de nuestro medio ambiente. Ellos están dispuestos. Ellos son nuestra primera línea de lucha. Y la política mediocre no los tiene en cuenta, cuando no los desprecia. Simplicidad. Más Marco Aurelio y menos patrañas.

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