Los berrinches que da Mañueco

El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, felicita al vicepresidente primero, Carlos Pollán, tras su toma de posesión
En el PSOE CYL tienen libertad para coger todos los berrinches que quieran. Aunque lo que es seguro es que Mañueco no es el único responsable del sufrimiento del hígado de alguno. El de Salamanca cumple lo que aventuró. Trasladar a las instituciones la fuerza que le habían otorgado las urnas, situándolo como el barón mejor parado del ciclo electoral de cuatro que empezó en noviembre en Extremadura y acabó en Andalucía con el PP sin mayoría absoluta. El fortalecimiento que le otorgaron las urnas tiene su reflejo en el Bocyl, que es la verdad verdadera, la diga Agamenón o su porquero. Recuperó Mañueco la estratégica presidencia de Cortes, perdida allá por 2019, que fue cuando empezó a acumular la mugre de la indecencia la institución. Y luego el gobierno de dos. Las comparaciones son odiosas, pero imprescindibles. El PP tiene un consejero más, una vicepresidencia más y una consejería más, que en el primer maridaje con VOX. VOX tiene un consejero y una consejería menos. Te pongas como te pongas. Y la cláusula de la vicepresidencia segunda, como alter ego de Mañueco en ausencia de Mañueco, hace que VOX tenga una vicepresidencia mermada de prelación verídica. Si hasta le traicionó el subconsciente del Bocyl a la bendecida Isabel Blanco cuando fue a jurar bandera en el patio trasero del antiguo Colegio de la Asunción. Alguno se llevó un sofocón y eso que Lorenzo todavía no zurraba con saña. En estas cuentas tiene tanto mérito la capacidad negociadora personal de Mañueco como los anhelos y deseos de Bambú, donde reside la soberanía de VOX. Bambú, con destreza e inteligencia, optó por un achique de espacios propios. Tomar la iniciativa en el control de riesgos inciertos es un ejercicio de sabiduría política. En VOX Castilla y León, ya lo advertimos aquí antes de la campaña, se estaba conformando un nuevo orden mundial en torno a la figura de Alberto Díaz Pico. Prietas las filas. Hay un oficial en la sala de gobierno.