Vázquez enfila la senda para devolver la dignidad y la decencia a las Cortes

Francisco Vázquez - Editorial
Aparecen los primeros brotes verdes de transparencia en las Cortes. Y eso es todo un acontecimiento tras la era tenebrosa que se instaló con Luis Fuentes y tuvo su continuidad con Carlos Pollán, representantes de Ciudadanos y VOX, respectivamente, que vinieron para cambiar las cosas. Uno cambió el sofá por uno naranja cuando llegó al parlamento. El otro cambió los Audi oficiales por los famosos BMWs oficiales, aunque el encargo se lo había dejado ya hecho Fuentes, aprovechando las oscuridad del periodo entre legislaturas, allá por los albores de 2022. Poco más de mes y medio ha tardado el segoviano Francisco Vázquez en cometer la sensatez de dar publicidad y conocimiento a las decisiones que adoptan en el seno de la Mesa de las Cortes, que es el órgano que rige el devenir parlamentario. Aunque parezca insólito ninguno de sus nueve antecesores, que se dice pronto, fue capaz de hacerlo en cuarenta años. Era una auténtica anomalía democrática, que fuera el único órgano institucional de este país, todo un parlamento en el que reside la soberanía popular, que no diera a conocer sus decisiones. No sólo a la ciudadanía. Ni los procuradores lo conocían a no ser que se lo pasaran sus representantes en la Mesa. Los que los tenían. No estaba al alcance de los grupos minoritarios. Y en los mayoritarios era clamorosa la ley de silencio que sobre estas decisiones imperaba en la era Tudanca para tener a oscuras incluso a sus propios correligionarios de grupo. Lo que debería ser normalidad desde hace muchos años es todo un acontecimiento que parece dejar a las claras las intenciones de Francisco Vázquez de abrir las ventanas del parlamento y que entre aire fresco entre tanta mugre como se ha acumulado en los últimos años, con funcionarios de alto rango campando a sus anchas para que la luz no se cuele ni entre el nácar de la cúpula del hemiciclo. Es la casa de todos los castellanos y leoneses, decía Pollán. Pero sólo para la proyección de películas al aire libre. Lo que se cocía y se cuece en esa casa era un terreno minado. Un cortijo en toda regla. Una auténtica vergüenza. Por eso la decisión de Vázquez no es sólo un gesto. Es un acontecimiento y una declaración de intenciones. Vázquez ha decidido enfilar la senda de la decencia y recuperar la dignidad vapuleada en las Cortes los últimos ocho años. Tiene trabajo, empezando por determinados funcionarios que se creen amos del rancho. Tienen dos opciones, o cambiar o atenerse a las consecuencias judiciales. Que no le tiemble el pulso a Vázquez. Esto es regeneración política real. El de los dos últimos inquilinos, puro chau chau. Mientras el PSOE pierde otra oportunidad de anticiparse y ser útil desde la oposición. Tienen más oportunidades.