TIERRA ADENTRO
Villalar
Mañana es Villalar. En 1521 y en abril, para más señas, hubo una batalla en un pueblo que tomó ese hecho histórico como topónimo. Y así pasaron los siglos y de aquella derrota y del trágico final de Padilla, Bravo y Maldonado queda poco en la memoria colectiva. Pero, a pesar de todo, los habitantes de esta comunidad saben que el 23 de abril es festivo. Se celebra una derrota y una batalla. Lo mejor es que es Historia. Que cada cual la coloque como quiera. Pero no hay que olvidar que es más trascendente de lo que parece y tiene mucho que ver con las libertades, la Constitución y con aquellos liberales. Y, a pesar del ninguneo, la instrumentación política y la ignorancia de tantos, la campa se sigue llenando todos los años y se conjuga el verbo enjambrar. En el fondo, da mucho coraje y una sensación de desamparo el pertenecer a una comunidad, a una región española, a una autonomía de mucho calado histórico y cultural y que no se pueda ondear la bandera de todos y sentir cierto orgullo de pertenencia sin tener que caer por ello en patrioterismos sin contenido. Todos tenemos la culpa. Los que después de un tiempo de levantar el mástil de la reivindicación no lo soltaron y, como en los viejos tiempos de la dictadura, robaron la pequeña patria para un solo colectivo. También tienen su parte de culpa quienes situaron siempre Villalar a la izquierda de las izquierdas. Y, por supuesto, quienes expulsaban de la campa en pensamiento y obra a toda facción de la derecha. No menos culpa tienen los responsables de la Junta que, en un quiero y no puedo, no han conseguido integrarse del todo. Han pasado 50 años del primer Villalar y a estas alturas ya debiera de ser de todos. El caso es que casi está conseguida la representación territorial. Se aprecia en las gentes que vienen de todos los rincones. Nunca hemos permitido que la dulzaina y, por ende, el folclore regional, dejara de sonar. Lo más importante lo tenemos. Medio siglo de singladura y un icono de la historia de España con todos los ingredientes para emocionar. Ahí está el Romance de los Comuneros de López Álvarez. No sé si algún día verán mis ojos a niños y jóvenes de centros escolares recitarlo o, simplemente, analizarlo. A pesar de lo mucho que se ha escrito, de la extensa bibliografía y del enorme caudal de controversias, discrepancias y detractores, el 23 de abril sigue siendo la fiesta de Castilla y León y la localidad vallisoletana de Villalar, el punto de encuentro de hombres y mujeres con distintos acentos que se emocionan a la par escuchando los acordes del Canto de Esperanza que el Mester popularizó para siempre. Un Villalar sin gobierno. Seremos muchos los que seguiremos esperando a un capitán. Por suerte, al frente de la plaza está el alcalde de Villalar, Luis Alonso Laguna.