Tierra Adentro
Noventayochista hasta la muerte
Con cierto sentimiento de traición solapada y egoísta, me fui de mis feudos a tierra extraña para besar el mediterráneo de Serrat. Aproveché el tiempo de Semana Santa, periodo intocable de catolicismo recalcitrante y resucitado pascual. Para algunos, reconfortante. Servidor, entre ellos. Con la disculpa de un descanso merecido, o no, me propuse cumplir mis deseos ociosos boca arriba y con el sol de testigo -que no salió-, pero intenté cambiar el móvil por el libro. Misión cumplida a medias. Para cuatro días, cinco libros. Solo llegué a escrutar uno y a devorar dos. El del polémico Juan del Val me entretuvo con su Vera enamorada con un color especial planetario. Fue el aperitivo divertido de los platos fuertes del menú a tres. Devoré masticando cada página con la pasión que me queda, el borrador del nuevo libro de Galguera, que es una pasada, un documento de arte me da que inédito. Una crónica viajera en plan Torbado, el gran olvidado de León y de Castilla. Miguel Ángel, el guaje pucelano, se curró de pueblo en pueblo todos los rollos que no han caído en la geografía de las picotas de Castilla y León. Ojo, que será un best seller. Y luego, con gafas de aumento por la puta letra pequeña, un calvario para ojos cansados de mirar, me sumergí en la España dolorida. El título es demoledor: “La Generación del 98”, de la colección Austral, desbrozada por el turolense Laín Entralgo, Pedro. Nunca he salido y volví a Baroja, don Pío, a mis lecturas adolescentes donde aprendí a ser un poco anarquista. Azorín, José, al que algún día perdonaré lo de la Castilla plana; Valle Inclán, el “Valle “de mi Tomás Ollas y mi deuda con el esperpento. Machado, don Antonio, el mejor de los poetas españoles, como me decía mi querido Tito Barahona, y el que mejor nos hostigó a los de aquí por despreciar cuanto ignoramos. Y ahí seguimos. Y mi faro en la niebla y mi luz en la tiniebla, Unamuno, don Miguel, el que pulió como nadie la crónica viajera e inventó la intrahistoria, que ahí sigue sin descifrar del todo y frente a su Cristo anticlerical. Me quedo con el gallego, los dos vascos, el sevillano y el levantino. Y sigo dándole vueltas a su idea de España, de Castilla, de Dios, de la libertad y de la república. Y me quedo con todo y sin colonias y con los desastres de Marruecos. Que por ahí empezó. Qué pensarían los cinco de Torrente, de la izquierda desnortada, de la derecha dislocada, de la monarquía en caída libre, de la patria y su aflicción, de la justicia sin venda y de la literatura sin fronteras. Creo que me quedo sin saberlo y, al menos, disfruto leyendo lo que pensaban, escribían, razonaban, denunciaban y ensalzaban. Toma verbos. Por cierto, las generaciones de ahora saben algo de aquella Generación del 98. Que alguien haga algo, por Dios. Servidor se declara aquí y ahora noventayochista hasta la muerte. Punto y aparte.