Diario de Valladolid
Ignacio Garriga y Carlos Pollán en un acto de la campaña electoral.

Ignacio Garriga y Carlos Pollán en un acto de la campaña electoral.ICAL

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LO DIJIMOS incluso antes del recuento. Que VOX repitiese los resultados de 2022 era un éxito en toda regla. Los ha superado, incrementando el porcentaje de voto y subiendo un escaño. Un éxito en toda regla que le hace, como hace cuatro años, imprescindible para la gobernabilidad de Castilla y León. El error es haber cruzado ciclos electorales asimétricos. Pero ese es un empeño en el que también puso toda la carne en el asador VOX, por mucho que ahora reniegue de sus propias expectativas. Ese fue el error. Y también lo advertimos, la gestión de expectativas. VOX no ha chocado contra su techo en Castilla y León, que es el más alto de unos comicios para la formación de Santiago Abascal. Pero sí ha colisionado con sus eufóricas expectativas. Renegar de eso ahora es rehuir de la realidad, que es muy tozuda y seguramente sólo ahonde en el ansia que ocasiona la frustración innecesaria. El éxito de VOX es el de Pollán, y viceversa. Sin contemplaciones.

A Carlos Pollán, el candidato con el que VOX ha conseguido su techo electoral más alto, creciendo hasta rozar el 19% con 20.000 votos más, le encomendaron ser el cancerbero de esas expectativas, seguramente infladas e infladas por la siempre errática ciencia demoscópica, que en esta ocasión corrigió al alza los resultados del VOX para no seguir equivocándose a la baja, como le ha pasado en constantes citas electorales, incluidas las dos anteriores a Castilla yLeón. Al ex portero del Ademar le toca ahora aguantar estoicamente, como es él, la amargura de un gran resultado, adulterado en origen por las expectativas de sus mayores de Bambú, donde reside la soberanía popular de VOX. Es lo que tiene pretender tutelar un proceso electoral desde el desconocimiento de la diversidad, la singularidad, la amplitud y lo inabarcable de una tierra como Castilla y León, que si a algo no se parece en nada es a Madrid.

El propio Pollán debería ahora ejercer la prudencia y la cautela de la que siempre ha hecho gala, porque sólo hay un reparo al gran resultado y es que en su ciudad, León, VOX ha tenido un ligero traspiés, retrocediendo casi un punto en voto y con uno de los peores porcentajes de las grandes ciudades de la comunidad. Y eso también es una realidad tan incontestable como la que defiende el propio Pollán del crecimiento de VOX autonómico.

Ahora a Pollán y al séquito que le acompañe en las negociaciones le corresponde hacer valer el valor de su resultado, aunque siempre siendo consciente que cada uno es cada cual y sus circunstancias. Ylas circunstancias, atendiendo a Abascal, que es de palabra y que dijo que no quería hablar de negociaciones hasta medir fuerzas el domingo con el PP, es que el que más fuerte ha salido de las urnas, por innumerables razones, entre otras las expectativas, es Mañueco. Y ahora, más allá del tacticismo y las musas de la política, les toca a PPy VOX bajar al teatro y acordar acciones políticas que ayuden a mejorar la vida de la gente y al progreso de Castilla y León. Sillones a parte, que dice Abascal.

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