Castilla y León elige su futuro en las urnas, no el modelo de polarización

Un ciudadano deposita su voto en una jornada electoral.
LAS MIRADAS ELECTORALES se depositan ya en Castilla y León, tras completar, con amargo resultado, el PP sus adelantos electorales en Aragón y Extremadura. Aquí, en esta ocasión, las elecciones son cuando toca, después de cumplir el mandato hasta el último minuto Alfonso Fernández Mañueco. Su segundo mandato, con dos coaliciones (Ciudadanos y VOX) y la mitad de la última legislatura en solitario.
VOX ha confirmado lo que era un grito a voces y que ya adelantó este periódico hace seis meses, que el presidente de las Cortes, el leonés Carlos Pollán, sustituirá en el cartel a Juan García Gallardo, del que ya nadie se acuerda ni en su antigua casa ni fuera. Aunque él haya sacado todo su rencor en redes sociales para atacar a un Abascal que le castiga con la indiferencia.
Nada volverá a ser como hace cuatro años. Y ningún análisis se puede establecer directamente en función de los de Extremadura y Aragón, que vienen de ciclos distintos a Castilla y León. En esas dos comunidades VOX ha duplicado resultados. Pero es que en Castilla y León en 2022 VOX pasó de 1 procurador de 2019 a 13 parlamentarios. Cualquier comparativa que se haga con respecto a las otras dos comunidades o a hace cuatro años no abundará en un análisis certero. Lo cual no quiere decir que VOX, merced al error táctico del PP, no pueda seguir creciendo en Castilla y León, donde ya está por encima de ese 17% de Aragón y Extremadura. Dos adelantos y dos fiascos que fortalecen a VOX y sólo constatan el hundimiento sin paliativos de un PSOE a la deriva y en caída libre.
No estaría de más que los castellanos y leoneses pensaran que aquí lo que se dirime no es la fuerza de la polarización. Lo que se dirime es el modelo de política que queremos para los próximos cuatro años en esta tierra. Y que esa política sea muy distante a la que se practica en Madrid, que ahora mismo lo invade todo, incluidas las urnas autonómicas.
Debería ser el tiempo, aunque no lo será, en el que los políticos hablaran del modelo territorial para la región más grande de Europa. De cómo afrontar la crisis de la vivienda y de cómo mitigar esa lacra insalvable que es la población, con los desequilibrios territoriales que eso conlleva dentro de una misma región. Del modelo sanitario, del modelo educativo y del modelo de crecimiento industrial y agroalimentario. Un modelo que nos permita seguir creciendo, avanzando y progresando en base a los potenciales innatos de una región enormemente industrializada, aunque con desequilibrios. La elecciones deberían ir de eso, pero muchos se empecinaran en que vayan de los de Madrid.