Luces y sombras de Mercosur
LA FIRMA del acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur se ha presentado como una oportunidad estratégica para los sectores económicos europeos al eliminar, de forma gradual en un periodo máximo de 15 años, los aranceles en exportaciones y su práctica eliminación en las importaciones.
El acuerdo no secundado por todos los países de la UE hace que se surjan fortalezas teniendo en cuenta las oportunidades de los sectores económicos que existen en la UE. Las fortalezas del acuerdo son consecuencia de la unión de dos grandes mercados: el europeo y el de los países que forman parte de Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). En concreto, el acceso a un mercado de 700 millones de consumidores, reducción de más de un 90% de aranceles beneficiando las exportaciones, potenciación de las relaciones bilaterales en materia económica, política y comerciales generando inversiones, y logrando un marco regulatorio común. Las oportunidades son consecuencia de las fortalezas: crecimiento de las Pymes en tamaño, innovación y competitividad, más empleo, más desarrollo económico y una mayor estabilidad social.
Sin embargo, para saber hacer frente a los retos a los que nos enfrentamos es necesario conocer las debilidades y amenazas que se presentan, tanto en el corto como en el largo plazo. En el ámbito de las debilidades, nuestras industrias y explotaciones agrícolas y ganaderas tienen que modernizarse y hacer frente tanto a los cambios tecnológicos como a las exigencias de un mercado con nuevos consumidores y realidades. En este contexto el tamaño sí importa, ya que las empresas han de unificar, proyectar y planificar acciones de inversión e innovación para hacer frente a nuevos competidores, que, si bien pueden hacer crecer a las empresas que conforman los sectores económicos europeos, también pueden hacerles desaparecer si no se hacen los deberes convenientemente.
Las amenazas son preocupantes, pero no insalvables. Posibles realidades, como la llegada masiva de productos con precios más competitivos que los producidos en la UE, pueden hacer que nuestras empresas disminuyan su beneficio o que incluso tengan pérdidas al no poder reducir costes debido, entre otras realidades, a la normativa europea en materia medioambiental y de sostenibilidad. Todo depende de las normas regulatorias aplicables, de su flexibilidad y de la exigencia de estas a los países que conforman Mercosur, así como la protección sin excusas de nuestros sectores productivos ante una realidad que provoca inestabilidad y destrucción del tejido productivo europeo, sin olvidarnos de la lentitud de Bruselas a la hora de hacer cambios, ajustes y puesta en marcha de todo tipo de acciones, normas y directrices comunitarias.
El acuerdo tendrá efectos distintos dependiendo del sector económico. El sector secundario es el que se verá más beneficiado con una industria del automóvil que elimina unos aranceles del 35% para poder vender en Mercosur. Respecto al sector terciario mejora la movilidad de profesionales, potencia los servicios empresariales y facilita el movimiento de personas en donde el turismo es determinante para España.
Sin embargo, hay otros sectores como el sector primario en el que no es tan evidente el beneficio del acuerdo, o, mejor dicho, hay dudas razonables al respecto. Los agricultores y ganaderos temen una disminución de precios junto con una pérdida de la calidad. La realidad es que el conjunto del sector primario no se encuentra ante un rechazo al comercio internacional. Si nos fijamos en el sector agrario español éste lleva décadas compitiendo en mercados globales, exportando calidad, cumpliendo normas estrictas y adaptándose a exigencias crecientes. Lo que se rechaza es un acuerdo que, hasta que se adapten los requerimientos normativos exigidos y se normalicen los controles que garanticen su cumplimiento, puede producir una desigualdad normativa en su cumplimiento como ventaja competitiva para los países de Mercosur, convirtiendo las exigencias europeas en una desventaja estructural.
La realidad es que la firma del acuerdo podría representar una presión directa sobre precios, márgenes y viabilidad de explotaciones, que en su gran mayoría son pymes y muchas de ellas empresas familiares. Estos hechos podrían tener consecuencias en el medio rural, en el empleo, en la tasa de reposición en el sector primario y en la despoblación de muchas regiones.
El acuerdo Mercosur debe garantizar la protección de los sectores económicos existentes en la UE, en especial el sector primario, en donde el modelo agrario europeo, basado en calidad, sostenibilidad, bienestar animal y territorio vivo ha logrado mantener unos altos estándares de eficiencia con mucho esfuerzo y tesón cumpliendo la normativa europea, y para el caso de producirse un modelo de importaciones masivas sin control, de bajo coste y con exigencias mínimas, provocarían un problema de difícil solución. Debemos pensar que habrá un periodo de adaptación, en donde se logre que las dudas y los temores se vayan diluyendo, terminando por desaparecer en el tiempo. Para ello, el reglamento de salvaguardas debe ser eficaz, pero sobre todo debe existir rapidez y contundencia en la toma de decisiones por parte de Bruselas cuando se produzcan desajustes y controversias en las exigencias del acuerdo.
El acuerdo de la Unión Europea con Mercosur tiene muchas luces, pero también muchas sombras. Bruselas y los Gobiernos de los Estados Miembros son determinantes y responsables de garantizar la estabilidad y la protección de los sectores económicos europeos, ayudando a impulsar su crecimiento y fortalecimiento, habida cuenta de la inestabilidad geopolítica en el ámbito comercial existente en la actualidad.