Diario de Valladolid

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A término. Así ha conducido su mandato el presidente Alfonso Fernández Mañueco, que sólo ha perdonado 12 horas de legislatura en esta su segunda etapa en la presidencia de la Junta de Castilla y León y como consecuencia hemos entrado ya en periodo electoral y los comicios se celebrarán el próximo 15 de marzo. Desde ya se ha lanzado una precampaña que, es evidente, venía rodando desde muchos meses atrás. El debate de los logros y los atrasos, llega en esta nueva confrontación electoral como en las precedentes con los mismos temas sobre la mesa en el caso de Burgos. Pendientes, inconclusos e, incluso, como arma arrojadiza para la pugna política en los debates electorales y futuros mítines se encuentran asuntos como el modelo de concesión de obra pública del hospital de Burgos, la apertura del parque tecnológico de la capital burgalesa, la finalización del hospital de Aranda, la reducción de las listas de espera en los hospitales, que está entre las mayores de la Comunidad, el incremento de plazas en los colegios públicos, el cierre de colegios rurales, la falta medios en los consultorios médicos de la provincia, son sólo algunas de las reclamaciones que saben a flote cada vez que la campaña electoral llama a nuestras puertas. Tras las recientes protestas del campo burgalés y de los profesionales de la economía agraria en otras provincias de Castilla y León contra el acuerdo con Mercosur, el sector primario se colará sin lugar a dudas en la campaña electoral y volveremos a ver políticos en mocasines en las granjas y en los terrenos de labor. Decía un ilustre mandatario burgalés de larguísima trayectoria como alto cargo público que a él cuando acudía a un pueblo, y tenemos 1.214 en la provincia de Burgos, no le ladraban los perros porque ya le conocían. Repetía siempre que un político, y más en la administración más cercana al ciudadano, tiene que dejarse ver y acudir a hablar con los paisanos para conocer qué piensan y por dónde sopla el viento de las emociones de los posibles electores. Otro preboste burgalés, también muy longevo en el cargo, aparecía siempre por Gamonal cuando se iban acercando las elecciones a tomar el vermut los domingos para tomar la temperatura política del barrio, muy contrario a sus siglas. Como un reloj. Aquellos eran otros tiempos. Ahora el tic-tac es digital y los vientos soplan según se deslizan los dedos por la pantalla de los teléfonos móviles. Esa liturgia del vermut dominical y el saludo en la plaza ha sido sustituida por algoritmos que calculan el impacto de un mensaje en milésimas de segundo, aunque las carencias del territorio son tercamente analógicas. El político no necesita que le huelan los perros de los Picos de Urbión porque su rostro habita en el bolsillo del ciudadano. Se nos viene encima a una campaña cada vez menos rara en la que lo viejo y lo nuevo se entrelazan con los casos de siempre aireados en los nuevos canales, arrastrando el peso de un pasado que ya no se puede permitir en plena era de la inteligencia artificial.

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