AL SERENO
Alzar la voz
CASTILLA Y LEÓN es la comunidad que mejor aplica todos los parámetros de la ley de dependencia en el conjunto de España. Con diferencia y desde hace muchos años. Tanto es así que responsables de este área social de otros territorios han acudido a Castilla y León para aprender y copiar el modelo. Nuestra Comunidad destaca sobremanera en las evaluaciones de rendimiento. Tan bien preparados salen los estudiantes, que el Ejecutivo autonómico lidera la exigencia de unificar las pruebas de acceso a la universidad para evitar el vergonzoso dumping académico de otros territorios. Acabamos de conocer también que la Comunidad está a la cabeza de España en esfuerzo inversor en innovación. Estás son sólo tres cuestiones en las que Castilla y León hace las cosas realmente bien. Sería muy conveniente para todos que pudiéramos mejorar en indicadores como las listas de espera quirúrgica y de consultas de especialidad y en la cobertura de las plazas vacantes en medicina y enfermería en los centros de salud y hospitales de la Comunidad. Pero en estos días en los que el oeste de Castilla y León vuelve a sufrir de forma tan dramática el castigo de los incendios, quisiera que la Comunidad fuera también la mejor de España en cuanto a la prevención de los incendios forestales. Noten que hablo de prevención, no extinción, que en ese apartado por supuesto que la mejora de medios técnicos es siempre necesaria. Gracias a Dios que hemos contado con muchos héroes a pie del fuego, aunque nunca son suficientes ni máquinas ni hombres. A estas alturas, Castilla y León debería plantearse encabezar la revuelta que claman los pueblos contra las normativas descabelladas que impiden una correcta prevención. No sé cuántas gentes llorosas más deben salir en la tele gritando que se les ha quemado el monte o medio pueblo porque no se pudieron hacer limpias o cortafuegos. En ninguno de los incendios de este verano ha dejado de escucharse ese lamento vecinal. Con situaciones enervantes, además, como la de un paisano detenido por prender una franja de terreno a modo de cortafuegos que sirvió para que las llamas no llegaran a su pueblo. Supongo que el guardia civil que lo arrestó iba muerto de vergüenza por la injusticia. Dos autobuses de paisanos fueron a montar el lío a la capital para salvar a este hombre igual que él salvó al pueblo. Del mismo modo que Castilla y León luchó en España y Europa por la normativa del lobo, ahora toca dar la batalla contra el ecologismo destructor, el legislador de salón que no conoce el monte y el Estado insolidario que ve arder la tierra por los cuatro costados y se da la vuelta en la hamaca de playa a mirar hacía otro lado. Al este, por donde amanecen los votos que le mantienen con la respiración artificial. Ahora toca alzar la voz.