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Trágico, dramático, dantesco, espeluznante... Añadan ustedes todos lo adjetivos calificativos que estimen oportunos para lo que se está viviendo en Castilla y León con los incendios, otro verano más. Y si son ustedes vecinos de esos pueblos que se ven amenazados e impotentes ante las devastadoras llamas que les asedian, tienen todo el derecho a añadir el apelativo despectivo que prefieran a sus adjetivos. Les asiste todo el derecho. Pero sólo a ustedes, no a los políticos.

Lo que menos se necesita ahora son pirómanos, también en la política. De esos, por desgracia y cómo se está viendo, ya abundan en demasía por los montes de la Comunidad. Desalmados que se dedican a quemar la riqueza medioambiental y, lo que es más grave, con ella se llevan por delante vidas, como las de Abel Ramos y Jaime Aparicio, dos jóvenes cuyo único delito fue el defender a su pueblo de las llamas.

Ver cómo los políticos, una vez más, se enzarzan en insultos mientras los incendios asedian la Comunidad, dejando tras de sí un manto negro de miles y miles de hectáreas quemadas, de parajes naturales como el de Las Médulas devastados, de casas y pueblos arrasados y de víctimas mortales y heridos, no es más que la demostración palpable del nivel de bajeza en el que se encuentra la política.

Y no significa esto que no se critique. Claro que se tiene que criticar, claro que la Junta tiene mucho que explicar. Claro que es necesario repensar todo dispositivo de incendios, tanto en cantidad como en el que hecho de que esté operativo todo el año. Sí, todo el año, suponga lo que suponga en gasto. Y claro que es necesario invertir, porque es una inversión y no un gasto, en el cuidado de los montes. Pero no es menos cierto que atacar el volumen de incendios que está viviendo Castilla y León y con esa virulencia es casi imposible. Esa es la demostración más palpable de la necesidad de dar un vuelco a la política de incendios y al dispositivo. Si cada vez los fuegos son más explosivos, más grandes y más difíciles de controlar por el cambio climático que genera olas de calor más fuertes, parece claro que hay que repensar toda la política de incendios y de medios para dimensionarlos a la actualidad de los fuegos. Una vez más, el trabajo de todos los profesionales del operativo de incendios es un ejemplo. Ellos sí que están a la altura, siempre están a la altura. Harían bien los políticos en mirarse enel espejo de brigadistas, bomberos y personal de la UME. De esa Unidad Militar de Emergencias a la que muchos, por no decir todos, en el PP y en la Junta denostaron y menospreciaron, cuando se puso en marcha en en León gracias al empeño del fallecido José Antonio Alonso. Otro ejemplo más, el de las críticas a la UME, de lo ruin que puede llegar a ser la política.

Castilla y León arde y los castellanos y leoneses ven cómo el fuego arrasa su patrimonio natural, sus casas y su vida. Y, ante esta situación, lo políticos, todos sin excepción, deben estar a la altura y dejarse de ejercer de pirómanos.