Diario de Valladolid

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NO encuentro expresión más adecuada para llamar a las cosas por su nombre como la españolísima entrar a degüello. Es lo que hace Renfe cortando paradas, estaciones, servicios. Desde el lunes hasta hoy sábado, los trenes del AVE con destino Madrid–Galicia o Galicia–Madrid, ya no paran en Castilla y León porque al tirano, corrupto, y ladrón Sánchez –como gestor y responsable de una trama criminal según la UCO–, no le sale de los perendengues.

Así que, sin creérselo del todo, por ahí andan los castellanos y leoneses despistadísimos contando vías y agravios como… como si fueran los actores en un sainete del gran Muñoz Seca en tres R. Unos haciendo de degollados sin un quejido, otros espantándose de la muerta no sea que resucite y nos dé un susto, y el resto pidiendo puentes a san Antonio, que fue ayer viernes y 13: anda, santico, sácame de aquí y degüéllame allí, que ya me da lo mismo. Los trenes sin peaje que pasan por Castilla y León con destino a Vigo no son más que el capricho de un alcalde socialista y trincón que vive todo el año con las luces de Navidad encendidas. El AVE, por tanto, ya no es un servicio público, sino una cabalgata de americanos, sacados de la película Bienvenido, Mister Marshall, que pasa a toda velocidad por Castilla y León, dejando a los lugareños perplejos, ojipláticos, y salpicados de escoria progresista, ladronista y chapucera. Una Renfe de inversiones tan sectarias, que no hace parada y fonda en tierras castellanas y leonesas porque algunos tienen prisa, habrá que combatirla con el único lenguaje que entienden estos galgos afganos y talibanes: cortar las vías, inundarlas de agua, pues en democracia lo que no comunica con todos, degüella a la otra parte con raíles choriceros. Y no, guapiños.

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