Diario de Valladolid
El letrado mayor de las Cortes de Castilla y León Marcos Herrero

El letrado mayor de las Cortes de Castilla y León Marcos HerreroICAL

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El mayor de los letrados de las Cortes ha ejercido henchido de arrogancia todo el mandato, acurrucado en el regazo del presidente de la cámara, que le ha consentido todo y más, seguramente a cambio de sus dictámenes insensatos y falaces, pero bien alicatados para sortear tropiezos y tropelías. El jefe jurídico del legislativo, ni más ni menos, que pensó que estaba por encima de la ley hasta que se dio de bruces con la justicia. Hay que ser muy canalla para dedicarte en cuerpo y alma a la persecución de una compañera de trabajo, que ha tenido que remar incluso contra la representación laboral del parlamento, que también está a favor de obra. Las Cortes son ya un chiringuito cortesano indecente en el que sólo se trajinan dietas, kilometrajes, BMWs y disputas intestinas. La justicia a veces tarda en cubrir el surco, como los bueyes del páramo. Pero, como los bueyes del páramo, siempre llega al final. Y el final se acerca a decir de los magistrados del TSJ que no han tenido reparos en mandar su decisión judicial contra las prácticas intolerables del letrado mayor y quien le consiente a la vía penal a la vista de que la canallada apunta a tener acomodo nominativo en el código penal, acaso acoso. Repugnante. Tanto como el encubrimiento, que es el que suele merodear sobre este tipo de delitos, como ha ocurrido con la pederastia en la Iglesia, que floreció y se propagó por el consentimiento y encubrimiento de los jerarcas diocesanos y caciques de seminario. No sólo en Boston, también aquí, en el seminario del pueblo, la iglesia del barrio o el colegio de la zona. Nunca más. Ni un día más, la gestión jurídica de nuestras Cortes, nuestra soberanía, en manos de este personaje, Marcos Herrero, que lleva mucho tiempo campando a sus anchas por los extensos pasillos del parlamento. Aquí lo advertimos hace tiempo. Y los responsables miraron a otra parte, como si vistieran sotanas. Veremos desfilar por el juzgado a miembros de la Mesa. Y a alguno en el banquillo. Tiempo a los bueyes.

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