Mazón y Rubiales
¡No voy a dimitir! ¡No voy a dimitir!, exclamaba altivo el anterior Presidente de la Federación Nacional de Futbol. A veces las proclamas superficiales y contundentes unen más que cualquier trasfondo ideológico. Y la famosa proclama de Rubiales sobre su no dimisión con motivo de su fatal piquito parece haberse consolidado como la máxima fundamental de muchos de nuestros políticos. Hay reglas que pueden ser más o menos interpretables pero la de “no voy a dimitir” se ha convertido en la regla de oro de la actual política española. Debería incluso incorporarse en el texto del juramento del cargo al tomar posesión incluso introduciendo las diversas variantes territoriales y variopintas modalidades de juramento o promesa como ya ocurre en la actualidad (Non vou dimitir, ez dut dimitituko, dimisió per les collons…).
El empeño de muchos políticos en no dimitir acaba por dejar sin efecto las permanentes solicitudes de dimisión que, en muchos casos, se proclaman como fórmulas retóricas sin ningún sentido como hemos visto recientemente por Castilla y León. Resulta curioso que los mismos que solicitan aquí dimisiones absurdas sean los que sostienen al Presidente valenciano después de su catastrófica gestión de la dana. El Presidente Mazón se ha convertido por méritos propios en el principal y más eficaz líder de la oposición a su propio partido. Si se pudiera contabilizar el número de votos que pierde el partido popular por cada día que pasa sin que Mazón dimita podría cifrarse el daño político que está causando. Y, sin ánimo de bromear sobre un asunto tan serio, llueve sobre mojado.
La precipitada reacción del Presidente de la Comunidad valenciana con sus pactos con Vox tras las últimas elecciones autonómicas abrió el camino de la derrota de Feijoo en las generales en beneficio de independistas y extremistas favorecidos y privilegiados por el actual Gobierno de Sánchez que padecemos el resto de los españoles. No se entiende que, tras las informaciones que se han ido conociendo, no se imponga desde Génova la inmediata dimisión o el fulminante cese de Mazón aunque sea, ante su resistencia, en sus cargos orgánicos en el partido. Después de tantas versiones nunca sabremos con seguridad las verdaderas razones de la desaparición de Mazón durante las peores horas de la dana, pero cualquiera que haya estado recientemente por Valencia puede constatar con facilidad que la inmensa mayoría de los valencianos atribuyen su incomparecencia más a motivos eróticos que políticos. Al final, los caminos de Mazón y Rubiales se cruzan y probablemente ambos terminarán por la vía judicial como esperan pacientemente desde Génova.