Mañueco, única estabilidad política que sobrevive en Castilla y León

Raúl de la Hoz y Alfonso Fernández Mañueco
Hay quien cree que el relato ideológico lo aguanta todo. Y así es mientras no se le pase el tamiz de la crítica. El tamiz de la coherencia y la concordancia entre lo que se cuenta y lo que ocurre. Y el relato de la oposición en Castilla y León ha quedado claro que es un castillo de naipes edificado sobre el barro fallido de sus propios liderazgos. La realidad es bien distinta por mucho que la pronuncien o la repitan, tanto los que están como los que llegan.
Y la realidad es que la única solidez política la representa Alfonso Fernández Mañueco, en la era del arco parlamentario más fragmentado de la historia de Castilla y León y con el gobierno menos fortificado en las urnas. La oposición, si alguna vez la hubo desde 2019, se ha disuelto sola en la fragilidad e insolvencia de sus liderazgos. Primero cayó Luis Tudanca, contra sus deseos, pero víctima de sí mismo. Víctima de una guerra inaudita contra Sánchez y los barones más fuertes de Castilla y León que tenía perdida desde el momento que empezó a librarla. Tudanca quedó secuestrado por Igea aquel mayo de 2019 en el que logró la primera victoria para el PSOE en 36 años. Y lo peor no fue ni la traición ni la tomadura de pelo antológica que le propició el de Ciudadanos a la vista de todo el mundo. Lo peor es que fue víctima del síndrome de Estocolmo que le llevó en este último mandato a vivir abducido políticamente en las Cortes por su secuestrador. El final de su liderazgo ha sido un suplicio para él y un goce para sus enemigos internos. En cualquier caso, él se ha labrado su propia irrelevancia.
En Ciudadanos, tres cuartos de lo mismo con grandes dosis de egocentrismo y alardes de altanería y engreimiento en el liderazgo que en menos de tres años ha pasado de los cielos del gobierno en coalición al infierno del repudio de los suyos. Hasta tal extremo de que ha tenido que irse víctima de sus maniobras internas antes de que lo echaran.
Por eso cuando el en ciernes secretario autonómico del PSOE Carlos Martínez Mínguez alude a la debilidad de Mañueco debería sopesar un poco los argumentos con los que pretende sostener sus afirmaciones. Fundamentalmente porque ese es el pecado de su antecesor, tratar por idiotas a los ciudadanos de Castilla y León que son los que deciden quién les gobierna. La única estabilidad constatable que hoy existe en la política de Castilla y León la ofrece Mañueco y su modelo moderado y prudente de PP, una fórmula que electoralmente siempre ha funcionado en Castilla y León. Estos son los hechos y son irrefutables. Lo demás son zarandajas y discursos ideológicos reiterados que, a la vista de los antecedentes, no conducen a buen puerto. Hay que hacer, no hablar.