Diario de Valladolid

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LA POLÍTICA, vieja, nueva o viejoven, no deja de sorprender. Un procurador abulense hizo un extraño acto de contrición en las Cortes de Castilla y León. Se declaró, ni más ni menos, que terrorista de la sanidad, de forma implícita. Pedro Pascual, de Por Ávila, es médico de profesión y fue director del Complejo Hospitalario de Ávila. Ante la consejera de Sanidad, Verónica Casado, reconoció que durante su etapa como responsable del hospital manipuló las listas de espera y pidió perdón por un acto que definió como «terrorismo sanitario». Así que se llamó a sí mismo terrorista de la sanidad.

Eso sí, dentro del capítulo de los arrepentidos. No se encuadró dentro de una banda, así que de momento parece que hay que mantenerlo en la categoría de lobo solitario, una figura que, como desgraciadamente se ha comprobado, puede ser igual de peligrosa que la de un grupo organizado. No dijo que atendiera orden alguna, así que podría pensarse que actuaba por su cuenta, quizá bajo la presión de obtener resultados ante una exigencia de sus superiores. No hay duda que la reducción de las listas de espera es un objetivo de cualquier gobierno mínimamente comprometido con el servicio al ciudadano, por lo que es de suponer que es una de las primeras medidas de evaluación para los responsables de los centros sanitarios. Y ahí alguno puede caer en la tentación de, como los malos estudiantes copian en los exámenes, manipular los datos. Lo hizo el abulense, según ha confesado, asumiendo una responsabilidad sin más consecuencias que la vergüenza pública a la que él mismo se ha expuesto.

Dice poco de sí mismo la actitud que reconoció el pasado jueves, aunque ayer intentara matizar el asunto y pasara a hablar de un tratamiento inadecuado de los datos. Ahora exige que se acabe con las prácticas que él, al menos durante un tiempo, aprovechó para quedar mejor como gestor. Tampoco dudó en atribuir las mismas prácticas a los responsables de otros complejos hospitalarios, que han quedado indefensos ante un acusación tan grave pronunciada en una comisión parlamentaria. El profesional de la Medicina y procurador quiere ahora ser un reformista e incluso propone una formación específica para los médicos que se dediquen a gestionar la sanidad. Seguro que habrá pensado en incluir la ética como una de las asignaturas importantes para evitar que surjan lobos solitarios o bandas dedicadas al «terrorismo sanitario», cuyos actos no deberían quedar impunes. Esto último no lo pidió el procurador abulense.

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