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VISTO LO VISTO, ante la situación actual del mapa político digo yo que podíamos reivindicar el espacio aéreo y la vuelta de los fielatos. Es decir, todo lo que pase por tierra, por aire y por agua tendrá que presentar sus credenciales. Salvajada supina, exclamarán algunos. A otros, sin embargo, les caerá en gracia esta ocurrencia ante el ninguneo generalizado que sufre la región por parte de quien reparte el pastel presupuestario y concede los beneficios a cada territorio del Estado español.

Porque, en el fondo, muchos pensamos que no se ajusta a derecho el tratamiento a un territorio inmenso, que además es un arcano cultural que ejerce liderazgo en materia histórico artística y en patrimonio natural muy por encima del conjunto de las comunidades y nacionalidades que hoy se reparten el mapa físico del reino de España.

El caso es que cada año que pasa, cada legislatura que transcurre en Castilla y León, lejos de avanzar, retrocede. La sangría poblacional y la falta de inyecciones financieras nos llevan hacia unos derroteros que ni pensar quiero lo que puede ocurrirnos en las dos próximas décadas de no haber solventado el verdadero problema. La despoblación. Una palabra que de tanto repetirla va camino de hacerse huésped y quedarse como una más de tantas. Algo así como la libertad, la solidaridad, los derechos constitucionales o la equidad en el pastel presupuestario, que terminan siendo grandes palabras con escaso eco de realidad.

Claro que hay muchos, entre los que posiblemente se encuentre un servidor, que defienden el abandonar la negatividad, ser más benevolentes y destacar lo bueno por encima de lo problemático. Pero ya está uno harto de repetir hasta la saciedad que somos los mejores, los que más tenemos, los que mejor hablamos el español que otros menosprecian y que en árboles, capiteles, retablos, hechos históricos y materias primas somos líderes, claramente demostrado por los documentos, vestigios y estadísticas.

Alguien deberá hacer algo pues no creo que resistamos mucho tiempo más viendo pasar por cielo, tierra y mar (tenemos un puerto que nos comunica con el Atlántico en Salamanca) los euros destinados a engrandecer otras regiones mientras la nuestra languidece. Estamos ahora a las puertas de un nuevo periodo político con menos cambios de lo que se anuncia. Recemos para que no beban de la misma agua, respiren el mismo aire y rueden por los mismos caminos. Recemos.