JAVIER ALFONSO CENDÓN

La perversión de la nueva política

Creado:

Actualizado:

«Ciudadanos no puede ser el salvavidas del PP». Este es uno de los titulares que el candidato de Ciudadanos a presidir la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, dio el pasado 22 de mayo, cuando aún quedaban cuatro días para la gran cita electoral del 26M. Esta declaración, que deja pocas dudas sobre los propósitos del partido naranja, se completaba con otras como las siguientes: «El PP es un partido conservador, incapaz de enfrentarse a problemas nuevos, no es capaz de innovar, no es capaz de pensar en el futuro porque todas sus ideas están relacionadas con conservar las mismas instituciones, sin adaptarse a las nuevas situaciones».

El PP gobierna en Castilla y León desde 1987. Las mayorías absolutas se han ido sucediendo hasta que en la pasada legislatura llegó el empate a las Cortes autonómicas. Finalmente, se resolvió con un apoyo de facto de Ciudadanos y Juan Vicente Herrera pudo completar con comodidad su último mandato. El relevo al frente del PP, encabezado por Alfonso Fernández Mañueco, y, sobre todo, al frente de Ciudadanos, no sin antes un monumental escándalo con unas primarias investigadas judicialmente por pucherazo, hacía aventurar que el momento del esperado cambio había llegado a Castilla y León. Un cambio para el que el PSOECyL que lidera Luis Tudanca era y sigue siendo la única alternativa real y viable.

Los resultados electorales del 26M así lo avalaron dando a los socialistas una clara mayoría de 35 escaños frente a los 29 del PP y a los 12 de Ciudadanos. Es evidente que los castellanos y los leoneses apostaron el pasado 26 de mayo por el cambio, que en el caso de Castilla y León supone un vuelco histórico, y otorgaron al PSOE el timón para que ese cambio se consumara tras incrementar en 10 procuradores los 25 del anterior registro. Igual de histórico fue el descalabro del PP, con la pérdida de 13 escaños. Ciudadanos ganó la condición de única llave gracias al incremento de siete representantes.

A la vista de estos resultados y de las aludidas declaraciones del líder de Ciudadanos en Castilla y León, todo hacía aventurar que la regeneración iba a llegar, por fin, a Castilla y León. El mismo Francisco Igea que apostaba por ella en plena campaña, reiteró sus intenciones el 29 de mayo, tres días después del superdomingo electoral, y en una nueva entrevista manifestó: «Esta comunidad está cansada de 32 años de mayoría absoluta del PP, de clientelismo, de soberbia». «No hemos venido aquí a que las cosas sigan igual. Era lo que dijimos en campaña y lo hemos dicho después». «Aquí no va a haber ambiciones personales».

Pero todo este discurso queda en papel mojado después del acuerdo anunciado por las direcciones nacionales del PP y de Ciudadanos para que los conservadores mantengan el poder en Castilla y León. Igea ya ha respondido, ante su milagrosa conversión, que, «en las campañas, se dicen muchas cosas», aunque mantiene un extraño silencio respecto al supuesto entendimiento con el PP. ¿No será otro pacto secreto, como el de PP y Vox en Madrid?

¿Es esta la nueva política que venía a regenerar el país? Son preguntas que Ciudadanos tendrá que responder a los castellanos y a los leoneses, que no entendemos cómo el discurso de la regeneración sirve para según qué autonomía. No puede haber regeneración en Castilla y León siendo la muleta para salvar a un PP acosado por la corrupción y enfrentado a su incapacidad manifiesta para resolver los graves problemas que aquejan a esta comunidad, empezando por la despoblación, de la que, después de 32 años de gobiernos conservadores, somos campeones nacionales.

Se ha demostrado que el acuerdo pactado por las cúpulas nacionales del PP y de Ciudadanos, muy al contrario de los propósitos iniciales de Francisco Igea, trata, sobre todo, de «ambiciones personales». Así, se hablaba de la obtención de la vicepresidencia de la Junta, de las alcaldías de Burgos, Salamanca y Palencia y de las diputaciones de Burgos y Segovia. Sí, esas mismas diputaciones por cuya desaparición, que se sepa, sigue abogando el partido de Albert Rivera, quien, ciertamente, está demostrando que sólo dice la verdad cuando se queda en silencio. En alguno de esos casos, era necesaria la anuencia de la extrema derecha de Vox, que, sorprendentemente, no han logrado en Burgos, pero que demuestra que esa ‘línea roja’ sólo es una impostura más en boca de Ciudadanos.

Las Cortes de Castilla y León se constituyen este viernes y, hasta la fecha, la formación naranja no ha dado muestras de querer ni siquiera reunirse con el PSOE, el partido que recibió el respaldo mayoritario de los ciudadanos en las elecciones autonómicas de Castilla y León. Igea ha llevado el mandato de socio preferente impuesto por la cúpula nacional de su partido hasta las últimas consecuencias y ha vuelto a demostrar que la política es uno de los ámbitos donde la unión de ética y estética cobra la mayor relevancia.

Las direcciones nacionales del PP y Ciudadanos creen que pueden decidir el futuro de Castilla y León desde Madrid. Pero Ciudadanos de Castilla y León tiene la última palabra para elegir entre dos opciones: formar parte de la regeneración que necesita esta tierra o seguir contribuyendo a la degeneración que padece después de 32 años de gobiernos del PP. En su mano está demostrar que los partidos emergentes, que llegaron al panorama político español con la bandera de la renovación, decían la verdad o si el único cambio que están dispuestos a negociar es el de los sillones que aspiran a ocupar.

Ciudadanos se juega en este envite ser digno representante de la nueva política o el peor ejemplo de la mala política de siempre, aquella que falta a su palabra y que traiciona a sus votantes. Optar por lo segundo, además de pervertir la razón de ser que pregona Ciudadanos, es una grave irresponsabilidad que ahonda el descrédito que viene sufriendo nuestro sistema democrático en los últimos años..

Javier Alfonso Cendón es Secretario general del PSOE de León y diputado