Diario de Valladolid

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NO ES DE EXTRAÑAR que Ciudadanos en Burgos haya perdido la alcaldía, por deméritos propios, que el PP le puso en bandeja. Creerse el centro del universo en ocasiones acarrea consecuencias imprevisibles. Sólo hay que ver que ayer el negociador naranja en tierras burgalesas, Lorenzo Rodríguez, sin encomendarse ni a Rivera ni a Villegas, aseguró que iba a aceptar la invitación del PSOE para hablar de la diputación burgalesa, la misma que según sus mayores (léase el dirigente José María Espejo) también iban a pedir al PP que se la cediese, como una de las compensaciones a sus respaldo en el gobierno de Castilla y León.

Esto es lo que se llama en castellano cervantino, quien mucho abarca poco aprieta. Que el giro de Vox del pasado viernes, que decidió no votar a Ciudadanos, propiciando el ascenso a la alcaldía al candidato más votado, Daniel de la Rosa, tiene más que ver con un mensaje de Abascal a Rivera que con supuestos ediles díscolos lo sabe a estas horas hasta el que asó la manteca. Pero también es cierto que la forma de operar del aparato burgalés de Cs, entre autónoma y el ejército de Pancho Villa, favoreció que los ediles de Vox encontraran una excusa de última hora para, disimulando, cumplir los mandatos de Abascal, sin que pareciera demasiado evidente lo que es más que evidente. Dice el Lorenzo Rodríguez que el tiene autonomía para abordar asuntos de pactos.

Y es posible que tenga autonomía y hasta independencia, lo que no tiene es autoridad para que su formación haga el ridículo de la forma tan esperpéntica que lo hizo el pasado sábado, cuando su candidato entró de virtual alcalde en el salón de plenos y acabó saliendo escoltado por la autoridad y sin el bastón de mando entre las manos. En la cúpula de Cs deben vigilar más o alguno acabará mancándose más de la cuenta.

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