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¡POR FIN! Hoy acaba la más prolongada de las campañas electorales. Pasado mañana conoceremos la primera parte del desenlace de la segunda parte. Porque la definitiva, dependerá de los pactos; de los acuerdos en las generales, en la autonómicas, en las municipales… Y de unas europeas en la que nos jugamos mucho.

Un numeroso grupo de fans ha pedido a través de Change.org «a los incompetentes guionistas» de Juego de Tronos que repitan la octava temporada. Consideran que han frustrado sus expectativas y se merecen una temporada final «más digna». Cuando escribo esta columna, la petición ha sido firmada ya por 1.492.320 personas.

Como no he visto la serie y mucho menos el criticado desenlace, no puedo unirme a los cientos de miles de ofendidos. ¡Qué pena! Sobre todo, porque esta reivindicación de reescribir un final debería ser el derecho de los estafados en ese juego de tronos en el que se han convertido los procesos electorales.

Parece lógico -desde la lógica del mercado- que la cadena HBO no se pliegue a quienes exigen un final más digno de la serie televisiva más cara de la historia e imponga su criterio frente a la «dictadura de los ofendidos», como los califica un opositor a reescribir el desenlace.

Cuestión distinta sucede en las elecciones, donde habría que buscar mecanismos para penalizar a quien incumple sus promesas electorales más relevantes; también, a quien promete cosas a sabiendas de que no las va a cumplir y cuenta con que el elector, al cabo de cuatro años, olvida las promesas y no le pedirá responsabilidades. ¿Se acuerdan cuando Felipe González prometió en 1982 crear 800.000 puestos de trabajo? «Yo prometí en la primera legislatura 800.000 empleos y destruimos 800.000 empleos», reconocería años después.

En esta ocasión, el candidato del PP ha repetido la jugada como aspirante al trono de la Junta de Castilla y León. Mañueco promete ahora pleno empleo, lo que supondría crear 80.000 puestos de trabajo más en cuatro años. No es el único que alguna vez utiliza artes propias de un trilero, pero su promesa huele a naftalina. Máxime cuando se conoce el truco de llegar al 5% de paro a través de despoblar esta Comunidad. Cuanta menos gente, menos paro. Esto no es un invento, es parte de la realidad.

Defraudar las expectativas de los votantes con promesas incumplidas o con programas plenos de vaguedades de imposible verificación deberían ser causa directa de inhabilitación para cargo público o de algún mecanismo público de contrapoder similar al que exigen los ofendidos fans de Juego de Tronos al reclamar que reescriban el final.