Diario de Valladolid

Las alas del Pegaso

El directivo acumula más de tres décadas al servicio del club para el que ha realizado labores desde pintar el campo hasta vestirse de Papá Noel

JesúsAguilera posa con un balón en los campos de laFinca de Canterac, donde lleva más de trés décadas trabajando por el Pegaso.-ROBERTOFERNÁNDEZ

JesúsAguilera posa con un balón en los campos de laFinca de Canterac, donde lleva más de trés décadas trabajando por el Pegaso.-ROBERTOFERNÁNDEZ

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GUILLERMOSANZ VALLADOLID
Valladolid

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Las páginas de historia, como las de los deportes, rezuman de grandes batallas, gestas imposibles y victorias memorables. Sin embargo, existen vidas marcadas por autores anónimos, personas que no quieren el destello del flash porque saben que en la sombra, lejos de los focos, han ayudado a conseguir triunfos más valiosos que cualquiera que lleve como premio un trofeo. Esta es la historia de Jesús Aguilera, directivo del Pegaso.

Pasarán los años y, tal vez, los cientos de jugadores que han pasado por la Finca de Canterac no recuerden un gol que parecía inolvidable en su momento o una victoria que desató la euforia, pero a buen seguro recordarán a Jesús Aguilera, un ‘one man club’ como le definirían en tierras británicas siempre al servicio de su majestad el fútbol.

A pesar de que es imposible entender a Aguilera sin el fútbol (...y viceversa), su juventud no fue la de una estrella en ciernes. Su relación con el deporte rey no fue más allá de su barrio, las Delicias, donde jugaba con sus amigos con el asfalto como césped. «Yo siempre he sido muy deportista. Jugaba en el barrio. Entonces no había mucha cosa, pero nos encontrábamos los amigos para jugar», recuerda. Nunca vistió una camiseta, pero supo sentir los colores desde el momento en el que se enroló en el Pegaso hace más de tres décadas.

Su trabajo en la Iveco (antigua Pegaso) le brindó la llave del club allá por el 1986. «Fue por los compañeros que tenía. Uno de ellos entró a entrenar y ahí entré yo con él de ayudante. Ellos se fueron marchando y aquí sigo yo», bromea. Jesús Aguilera recuerda su larga trayectoria como delegado en aquellos tiempos en los que la informática era casi materia para la ciencia ficción y las fichas eran algo artesanal. «Antes había que hacer las fichas a mano y pegar las fotos. Recuerdo estar hasta la una de la mañana haciendo fichas», rememora.

Rellenar el ‘pasaporte’ de los jugadores hacia el planeta fútbol no fue la única labor que el directivo ha realizado durante sus tres décadas al servicio del Pegaso, un club que considera su hogar. «He hecho de todo. Quitar piedras del campo, pintar las líneas... hasta las porterías», rememora. Sus ojos han visto cómo la Finca de Canterac pasó de ser un humilde campo de tierra a las envidiables instalaciones que son hoy en día. «Poco a poco hemos crecido. Ahora da gusto ver jugar a los chicos», reconoce.

La disposición de Aguilera ha sido plena e incondicional desde que entró a un Pegaso al que dio alas con sus ganas de ayudar. «Yo nunca digo que no», reconoce el veterano directivo que, como buen entendido del fútbol ha sabido regatear con maestría la presidencia, un sillón que por méritos y antigüedad bien podría ser suyo. Sin embargo él prefirió ser como Arthur O´Connel o John Carradine, un actor secundario con talento de protagonista. Un perfil de hombre corriente con un aura de tipo extraordinario, como demuestra desde hace tres años cada Navidad. En ese momento el chándal se transforma en un traje rojo y él se convierte en el Papa Noel que alegra a las decenas de jugadores que forman el Pegaso. «Me liaron los directivos... y hasta ahora. La verdad es que lo hago con mucho gusto. Me lo paso muy bien y ver la cara de los niños y su alegría es una maravilla», admite.

Con la misma facilidad con la que se viste de Santa Claus lo hace de negro para ser árbitro. «Menos de entrenador he hecho de todo. La verdad es que me gustaba mucho. Empecé en el trofeo San Carlos. Cada club mandaba un árbitro y yo iba en representación del Pegaso», explica Aguilera, que hizo sonar su silbato durante cuatro años en el trofeo San Carlos y en partidos de prebenjamines.

La figura de Jesús Aguilera se ha convertido en parte del paisaje de la Finca de Canterac, donde pasa cada tarde y donde disfruta del fútbol en su más pura esencia cada fin de semana. «Me gusta más el fútbol 7 que el fútbol 11 porque hay menos malicia», reconoce un hombre cuya dedicación le ha valido el reconocimiento de la delegación vallisoletana de fútbol: «Que se acuerden de nosotros es muy bonito», sentencia. Sin embargo, el galardón que le harán entrega en la gala del próximo 28 de junio no será una nota en el pentagrama de despedida. Jesús Aguilera, el Papá Noel del Pegaso, promete seguir prestando su fusil en primera línea de fuego hasta que el cuerpo aguante. «Del fútbol no me jubilaré nunca. Estaré aquí hasta que me echen», ‘amenaza’ el hombre que vio a Pegaso volar alto sobre el cielo de Valladolid.

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