Hemorragia
EL PARTIDO Popular y Unidas Podemos son los grandes derrotados de las elecciones. El PSOE, Ciudadanos y Vox son los ganadores. Unos y otros le deben al perverso sistema D’Hont una parte de su derrota o de su triunfo. En Castilla y León, el mapa de votos derecha-izquierda es similar al anterior. Las tres derechas conservan el 57,25% de sus votos y apenas pierden un punto.
Las dos izquierdas suben 1,4 puntos y tienen un 40,2% de papeletas. La debacle o la escalada la deforma un sistema que no representa lo que votan las personas. Si lo respetara, el PSOE, el PP y Ciudadanos habrían logrado menos diputados, Vox habría conseguido más y Unidas Podemos tendría representación.
Pero estas son las reglas del juego que los cinco partidos asumieron; unos más a gusto que otros. Lo que resulta escandaloso es que el secretario regional del PP, Francisco Vázquez, se queje ahora de un sistema que le ha proporcionado históricamente a su partido una sobrerrepresentación respecto a lo que han venido decidiendo los ciudadanos.
Y esto ocurre porque los perdedores pocas veces saben -sabemos- asimilar la derrota y convertirla en fuente de oportunidades para el futuro. Eso le ha pasado al PP, incapaz de digerir la hemorragia del 28-A, y también a Podemos, cuyo líder, Pablo Fernández, debería pasar de autocríticas genéricas a asumir la cuota de responsabilidad que él y su jefe tienen en la pérdida de confianza de decenas de miles de votantes que, además, han quedado sin representación.
Lo mismo le ocurre al PP, que pretende girar al centro en 23 días. Ahora se entera la ex ministra y diputada electa por Valladolid Isabel García Tejerina de que su escisión Vox es la extrema derecha, la misma con la que el Casado quería gobernar la víspera de su más estrepitoso fracaso, la misma con la que sostienen el Ejecutivo andaluz, la misma a la que han plagiado parte de su discurso más derechista… Y no piden dimisiones; ni siquiera con esta hemorragia sin precedentes. El PP convive con la sumisión y la humillación. Salvo excepciones, lo acatan todo, a pesar de los ajustes de cuentas a los que les someten.
¿Imaginan ustedes las peticiones de dimisión a Pedro Sánchez si el mayor resistente del PSOE hubiera obtenido la mitad de los 85 diputados de 2016? Pues el PP ha pasado en España de 137 a 66; en Castilla y León ha perdido la hegemonía que tuvo durante tres décadas, ha recortado de 18 a 10 sus diputados y de 27 a 17 sus senadores. Me atrevo a dar un consejo a la cúpula del PP: revisen discursos, fuercen dimisiones, apuesten por la gente, crispen menos y, sean más humildes. Tal vez así puedan frenar algo su hemorragia el 26-M.