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LA extrema derecha, esa de la que España se creía vacunada y Castilla y León también, ya está aquí. Y lo que es peor, no parece que vaya a ser flor de un día. Al contrario, ha venido para quedarse. Es derecha porque así se califican y porque son viejas huestes salidas del Partido Popular, que los crió a los pechos de quien ahora los repudia, el ex presidente José María Aznar. Y son ultra, extrema, califíquenlos como quieran, porque aquello que defienden lo es. Seguramente no todo, pero lo suficiente, como ese querer acabar con la Ley de Violencia de Género, aplicar medidas restrictivas, al más puro estilo de los ultras que gobiernan Italia, en materia de inmigración son sólo algunos de sus postulados más radicales. Por no hablar de esas medidas económicas, que vendrían a liquidar el Estado del Bienestar.

Pero, siendo esto grave, quiero detenerme en esa otra máxima, igual de radical, que es la de acabar con el Estado de las Autonomías. O lo que es lo mismo, liquidar de un plumazo aquello que se logró en esa Transición, Constitución incluida, que a estos de la extrema derecha que lidera Santiago Abascal sólo les interesa cuando de apropiarse de la badera se trata. Pues, toda para ellos.

Hay que tener mucha caradura para que Abascal, el mismo que se apoltronó en el Parlamento Vasco durante cinco años y antes como procurador de las juntas generales de Álava, venga ahora a erigirse como adalid contra las autonomías. Parece olvidar Abascal que su entonces ‘amiga’ Esperanza Aguirre le mantuvo en un puesto en una de las muchas sociedades de la Comunidad de Madrid, a razón de más de 90.000 euros al año por no hacer nada.

Pero nada de eso importa en la política actual. VOX es un alien salido del Partido Popular y que, como el octavo pasajero, va camino de devorarlo. Entre otras cosas porque en el PP de Pablo Casado, por más que se empeñe en resucitar ahora a su alter ego Aznar, no existe nadie que ejerza de suboficial Ellen Ripley.

La realidad es que VOX ya les mete miedo, y no sólo a los del PP, al resto de fuerzas, también. «¡Qué miedo!» o «la que se nos vienen encima», eran algunas de las exclamaciones y afirmaciones que algunos dirigentes políticos de Castilla y León expresaban al ver la multitud que se agolpaba ayer en el Miguel Delibes de Valladolid.

Lo dicho, VOX ya mete miedo.