No dejemos pasar más oportunidades
EN OCASIONES, cuando un problema se fija como centro de la agenda política, se corre el riesgo de perder de vista el origen del mismo. Ejemplo de ello es este problema que nos toca tan de cerca: La despoblación. Así, no debemos pasar por alto que este reto al que tratamos de hacer frente es un problema histórico de Castilla y León, que comenzó a mediados del siglo pasado, cuando españoles del interior emigraron a países centroeuropeos, a la costa o a Madrid. Cierto es que el paso de los años no ha hecho más que acentuar este hecho, y que desde 2008, como consecuencia de la crisis, la situación no solo se ha agravado, dejando de ser un problema exclusivo de regiones interiores, sino que se ha convertido en un mal generalizado a nivel nacional.
Mi experiencia personal me permite tratar este asunto con conocimiento de causa. Paso los 365 días del año en una zona rural, Medina de Rioseco. Soy riosecano de nacimiento y siempre he desarrollado mi actividad empresarial allí. Invierto en mi tierra y defiendo la vida en el medio rural llevándolo a la práctica. Soy empresario en mi pueblo y ello no me convierte (o no debería de convertirme) ni en héroe, ni en rara avis. Lo que a mi juicio sí que está fuera de sentido común es que en las zonas rurales nos encontremos con problemas que rozan la paradoja. Porque, ¿no es contradictorio que, si bien las administraciones sienten preocupación por la despoblación, al mismo tiempo pongan trabas a la hora de dar acceso a la vivienda? En Medina de Rioseco, igual que en otros pueblos, tenemos casas vacías. En muchos casos se debe a la renuncia por parte de los herederos debido al coste que supone el impuesto de sucesiones. En otros, se debe a la dificultad administrativa de reformar o edificar, como consecuencia de la sobreprotección y restricciones que se imponen en estas zonas. ¿No parece contradictorio también que, al mismo tiempo que se predica con la necesidad de atraer empresarios a las zonas rurales, no se activen medidas para que el acceso al suelo industrial sea más rápido y flexible?. Con todo ello, lo que estamos consiguiendo es que tengamos los pueblos más bonitos de Europa, pero tristemente, también los más vacíos.
Pero la gravedad de la despoblación ya no es exclusiva de los núcleos rurales. Las encuestas nos dicen que el 65% de los jóvenes, aquellos que están en mejores condiciones para aumentar la natalidad, se plantean la opción de irse fuera para mejorar su futuro profesional. Y este preocupante dato habla también de los núcleos urbanos. Nuestros jóvenes prefieren irse a otras ciudades, mayoritariamente Madrid. Y este fracaso nos debería llevar a plantearnos si no sería conveniente apostar decididamente por núcleos tractores que hagan de barrera de salida para frenar la sangría demográfica.
Independientemente de cuáles sean las medidas, es necesario que llevemos a cabo un trabajo conjunto: Administraciones, instituciones, medios de comunicación… Todos sin excepción debemos remar en la misma dirección. Entre ese conjunto de organizaciones incluyo, como no puede ser de otra manera, a la Cámara de Comercio de Valladolid. Desde este órgano apostamos de manera contundente por frenar la despoblación, atacándola con el arma que mejor sabemos empuñar: el desarrollo de la actividad económica. Para lidiar esta batalla no estamos solos: contamos con el apoyo de una de las administraciones que mejor conoce este problema: La Diputación de Valladolid. Así, y basándonos en nuestros tres ejes estratégicos – innovación, internacionalización y formación- trabajamos para que nuestras empresas ganen en competitividad, indistintamente de si están en la capital o en núcleos rurales.
Así, apostamos por la innovación empresarial de la provincia, realizando proyectos con hasta 100 empresas en el último año, en aras de impulsar su actividad económica y generar empleo. Además, conscientes de que no podemos permitir que las empresas de nuestras zonas rurales no ganen cuota de mercado, apoyamos su internacionalización, atendiendo cerca de 500 consultas al año o promocionando misiones comerciales, diez en 2018. Pero qué duda cabe que, para sostener toda actividad empresarial, es necesaria la formación. Las empresas necesitan estar actualizadas para innovar o exportar y solo es posible si tienen acceso a formación. Por ello, desde la Cámara de Comercio ponemos en marcha jornadas formativas para pymes ubicadas en municipios con menos de 20.000 habitantes, al mismo tiempo que, a través de nuestra Escuela de Negocios y de los diferentes programas de empleo, como el Plan de Garantía Juvenil, conseguimos insertar laboralmente a tres personas por semana. Otro de los asuntos que más preocupan cuando hablamos de despoblación es el papel de la mujer en las zonas rurales. Nosotros lo reafirmamos a través del Programa de Apoyo Empresarial para Mujeres gracias al cual, solo en 2018, hemos logrado apoyar a más de 150 emprendedoras de la provincia. Toda esta labor no sería posible sin la presencia de nuestras antenas locales en Medina del Campo y Peñafiel, dos núcleos que atraen a diario la consulta de emprendedores y empresarios de otros pueblos colindantes.
Pero no podemos esperar atajar la despoblación solo con actividad empresarial. Hay personas que, si bien trabajan en zonas rurales, prefieren desplazarse cada día y mantener su vivienda en zonas urbanas. Es por ello que comparto una de las reflexiones de Isaura Leal, Alta Comisionada del Gobierno Frente al Reto Demográfico, cuando dice que “la despoblación es el síntoma; la verdadera enfermedad es la desigualdad”. Y estoy de acuerdo porque estamos dejando pasar oportunidades que podrían servir como antídoto, o al menos como preventivo, para la despoblación. Nos encontramos en un momento en el que desde las ciudades se apuesta fuertemente por las Smart Cities, con la pretensión de convertirlas en lugares más sostenibles. En muchos casos, estamos hablando de crear ciudades verdes utópicas, con las consiguientes inversiones, pasando por alto que eso que buscamos lo tenemos en las zonas rurales y en las ciudades intermedias. Lo mismo ocurre con otro tema que comienza a surgir con fuerza en los comités de dirección de empresas: El teletrabajo, el cual que contribuiría positivamente a la conciliación laboral y familiar. ¿Y si apostáramos por el trabajo en remoto para fijar población en las zonas rurales?. Indicadores del Foro Económico Mundial indican que el teletrabajo ha llegado para quedarse, desconectar el trabajo de un lugar fijo redundará en una nueva libertad geográfica para que cada cual pueda vivir donde desee.
Por supuesto, para ello habrá que mejorar infraestructuras de comunicación y transporte, pero los recursos están esperando en los pueblos a que les demos la oportunidad de posicionarse como merecen. Apostemos por condiciones de igualdad y atajemos la brecha territorial con opciones propias del siglo XXI. Mientras ya se habla que 2019 será el año de transición hacia la conexión 5G, en muchas zonas rurales siguen esperando a la banda ancha. ¿No es sino una cuestión de desigualdad que ante estas situaciones los habitantes de muchas zonas rurales se sientan ciudadanos de segunda?.
Por todo ello, escuchémosles. Tratar de resolver este problema desde despachos en las grandes ciudades quizá no sea la mejor estrategia. Trabajando en conjunto hacia nuevos modelos y políticas coordinadas frenaremos la despoblación. Y juntos lograremos devolver al medio rural la vida y oportunidades que históricamente nos ha dado.