ESPEJOS PARA LA BASE / MANUEL SÁNCHEZ CISNEROS
El pulmón del San José
El deporte base en el colegio jesuita ha llevado la firma de su profesor de matemáticas durante casi medio siglo / Querido y respetado, el delegado del San José recibió el reconocimiento de brindar su nombre al pabellón

ManuelSánchez (a la izquierda conSuárez en su homenaje) posa con varios balones en los pasillos del San José.-MIGUEL Á. SANTOS
La pizarra y la tiza fueron durante décadas una extensión del cuerpo de Manuel Sánchez Cisneros. Por la mañana eran sus herramientas de trabajo delante de los pupitres; por las tardes y los fines de semana en los terrenos de juego y, es que, el deporte y el San José han ido de la mano desde que Don Manuel (o Manolo) cruzara el pórtico del colegio vallisoletano por primera vez en el año 1964. Hoy, comparte su nombre con el polideportivo del centro educativo de Santa Cruz.
Cuando un amigo suyo le fue a buscar a casa de su madre para decirle que buscaban un profesor de matemáticas para el San José, a Manuel Sánchez le faltó tiempo para responder a la llamada. «Me fui poniendo los pantalones casi por la calle», bromea. Afortunadamente estaban puestos y abrochados cuando se reunió con el hermano Tossi. Era el 13 de octubre de 1964, el histórico delegado de deportes tiene grabada esa fecha con la misma nitidez que la de su nacimiento, 20 años antes.
En la aulas se ganó el respeto y en los campos el cariño de generaciones de alumnos que pasaron por el colegio de la plaza de Santa Cruz. El corazón de Manuel Sánchez Cisneros latía con el deporte desde que era un niño: «Yo empecé jugando al fútbol con Tejedor en el IES Zorrilla, pero era muy malo. Siempre he jugado a todos los deportes, menos al rugby», confiesa. Su destino no paseaba por los terrenos de juego, sino por su orilla. Así, el niño que hacía de recogepelotas en el San José cuando iba con su tío (a cambio de una naranja y unas onzas de chocolate) se convirtió en su emérito técnico de deportes.
Lo de Manuel Sánchez no fue un ‘vini,vidi,vici’ cesáreo, fue cuestión de tiempo. En aquellos años los juegos escolares no eran la marabunta de color que son hoy en día. Apenas eran una línea que el delegado del San José vio cómo se escribía con sus propios ojos. Él mismo ayudó a mojar la pluma con tinta. «Al año siguiente de entrar creé el deporte en el patio. Todos mis alumnos tenían que estar los sábados con camiseta y pantalón corto para hacer deporte», explica. Una liga interna de la que aún se acuerdan todos los que pasaron por ella. De ahí a coger la tablilla frente al banquillo con uno de los equipos de fútbol infantiles del San José, donde entrenó a dos de los mejores talentos vallisoletanos: Chus Landáburu y Borja Lara, del que recuerda que le preguntaba «¿Cuántos goles quiere que meta Don Manuel?», cuando le hacía saltar al campo. Si pestañeaba, se perdía el primero.
La llamada de Pedro Santana Manjarrés le apartó del camino rojiblanco y le ubicó en el del San Carlos, club al que dedicó 12 años antes de volver por petición de los padres al ‘Athletic de Santa Cruz’. Esta vez como delegado de deportes, cargo que desempeñó 33 años, hasta su jubilación hace nueve años, tiempo de descanso en el que sigue colaborando con el club. Medio siglo es tiempo suficiente para platear dos veces la sien (si eres Gardel) o para dejar una herencia inolvidable que se han repartido más de 5.000 alumnos del colegio jesuita. «Orgulloso me siento de que creo que he dejado, a pesar de mi carácter de ogro rezongón, buen sabor de boca, porque me he comprometido con ello. El deporte me ha unido más al San José que las matemáticas», reconoce.
Sólo hay que recorrer los pasillos y los patios del San José a su lado para ver que el tiempo le ha convertido en una querida eminencia dentro del colegio. El cariño es el fruto cosechado por años de dedicación, de pasar frío en los campos cada fin de semana, de brindar una oferta deportiva a los alumnos o de ir al Cristo Rey a pintar las líneas del campo si así lo requería la escena. Esta labor fue reconocida más allá de los muros del centro educativo de Santa Cruz. Los reconocimientos de los trofeos Domingo Caballero, Goyo González o del mejor directivo en los premios Valladolid Ciudad Deportiva en 2012 valen más que cualquier Champions para un hombre del Renacimiento capaz de defender el deporte escolar en su más pura esencia dentro de la Federación de Fútbol de Castilla y León, de la que es directivo, o como vicepresidente de Eusebio Millán Deporte Escolar (una asociación para la que organizó en el San José seis campeonatos de escuelas católicas, un «récord, porque no teníamos pabellón», recuerda).
Con esta trayectoria era complicado que su figura se convirtiera en un fantasma en el San José tras su jubilación: «Los papeles les sigo haciendo todos, no voy a ir a la plaza Mayor a ver las obras», bromea. Esta dedicación tuvo como reconocimiento un bautismo, el del pabellón del colegio, que desde la pasada semana lleva el nombre de Manuel Sánchez Cisneros en un emotivo homenaje al que no faltaron todos aquellos a los que abrigó con su alargada e imborrable sombra. «Yo pensaba que me iban a dar una placa. Ahora ya no me tose nadie», concluye con buen humor las alas de San José.