Diario de Valladolid

GIMNASIA / TRAMPOLÍN ARROYO

Salto de fe

El exgimnasta Samuel Castro ha invertido 70.000 euros de su propio bolsillo para crear un club que comenzó en 2013 años con siete niños y hoy cuenta con casi 100 gimnastas

La familia delGimnasia enTrampolínArroyo, presidido por SamuelCastro (primero por la izquierda en la tercera fila) posa en primer plano mientras un gimnasta realiza un salto en la cama elástica.-J. M. LOSTAU

La familia delGimnasia enTrampolínArroyo, presidido por SamuelCastro (primero por la izquierda en la tercera fila) posa en primer plano mientras un gimnasta realiza un salto en la cama elástica.-J. M. LOSTAU

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Guillermo Sanz

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Si hay un vallisoletano de altos vuelos ese es Samuel Castro. El exgimnasta internacional ha mirado en infinidad de ocasiones a los ojos a las alturas y casi siempre era él el que ganaba el pulso. Para muestra un currículum cargado de méritos nacionales e internacionales sobre la cama elástica. Sin embargo, el vértigo entró cuando aparcó su armadura y decidió dar su, hasta ahora, último salto; un salto de fe, como el que supuso la creación de un nuevo club.

«Como gimnasta he tenido muchos éxitos y fracasos, pero es el deporte que llevo dentro. Cuando me retiré del equipo nacional decidí que mi sueño era tener mi propio club, empezarlo de cero», confiesa Samuel Castro. Así, tras cosechar experiencia como entrenador en Palma de Mallorca y Valladolid, se lanzó a construir de cero un nuevo proyecto al que bautizó Club Deportivo Gimnasia Trampolín Arroyo. En él, depositó su ilusión, sus fuerzas y su dinero. Desde que el club viera la luz en 2013 su creador ha invertido 70.000 euros en él y sólo ha recibido 8.000 euros en forma de ayudas públicas; el resto ha salido de su bolsillo y «de un préstamo personal», como reconoce.

La inversión no ha caído en saco roto, al menos en lo deportivo. Cada día de entrenamiento (cinco a la semana) Samuel Castro monta durante hora y media cuatro camas elásticas, un doble minitramp y coloca 30 colchonetas en el polideportivo Antonio Garnacho de Arroyo de la Encomienda. La falta de una instalación es una de las eternas batallas del presidente del club: «Llevamos tres años detrás. Hemos ofrecido varias opciones. Durante estos años nos han dicho que se iba a hacer, pero este año ni siquiera está presupuestado, así que vamos a peor... y es algo que demandan las familias de Arroyo», explica.

La falta de un hogar propio obliga a hacer un esfuerzo económico (el montaje y desmontaje de las camas acortan su vida) y físico que agradecen sus alumnos. El Gimnasia Trampolín Arroyo se ha convertido en una factoría de futuros talentos. El primer paso de este camino lo dio Samuel Castro acompañado por siete gimnastas. Hoy, seis años después, son 93 los jóvenes de entre tres y 21 años que se forjan en este deporte; números de piel de quimera cuando el club dio sus primeros pasos en el polideportivo de La Vega y, posteriormente en el módulo de atletismo de Sotoverde. «Nunca imaginé que esto podía crecer tanto. Empezamos un día a la semana y después, gracias a las chicas de Rítmica Arroyo, pude compartir un espacio y entrenar más», recuerda.

Los jinetes del aire de Samuel Castro han encontrado sobre un trampolín o un minitramp un lienzo con el que expresarse. «Este es un deporte bastante espectacular y muy llamativo para los niños pequeños. Además, es un deporte olímpico y se basa en el juego. Nunca tienen que perder las ganas de jugar y aprender, porque este no es un deporte que tenga techo», explica el presidente y entrenador. Bajo este dogma se basa el Trampolín Arroyo, un palacio donde los tesoros saben volar... con o sin competición. «Ir a competir para mí no es algo prioritario, pero al final va ligado. Cuando los mayores compiten los pequeños lo ven y tarde o temprano terminan compitiendo o dejándolo. Además, la competición en este deporte es muy bonita», entiende.

Los gimnastas del Trampolín Arroyo cogen cada vez más impulso para llegar más alto. La estela la marca Andrés Martínez. Campeón del Mundo en Daytona y bronce en Dinamarca (dos líneas destacadas de un completo currículum deportivo), el joven veterano es la referencia de un club que cada vez subraya un poco más su nombre a nivel nacional. «El año pasado quedamos subcampeones de España en categoría sénior y sub 15. Hay que destacar el progreso del club. Empezamos yendo a campeonatos con siete niños y acabándolos con siete medallas y ahora volvemos con 15. Esto nos pone a la altura de los grandes clubes que llevan 25 años trabajando», celebra.

El techo del club arroyano no se sabe dónde está. Tal vez llegará hasta donde le llegue a Samuel Castro la gasolina de su depósito o a donde quieran sus pupilos. «Hemos tenido gimnastas que parecía que no iban a llegar a nada y han explotado; para mí, eso es un éxito como también lo es que los chicos lleguen 30 minutos antes a entrenar». Muestra de que la gimnasia acrobática tiene un potente reclamo en Arroyo de la Encomienda, donde el año pasado se tuvo que denegar 70 solicitudes por cuestiones logísticas, una llamada a pensar que la gimnasia tiene mucho más frutos que dar... si tiene espacio para labrar éxitos.

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