Diario de Valladolid

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CASTILLA y León cerró 2018 con una caída de las exportaciones, atribuible casi en exclusiva al frenazo del sector de la automoción. Es el segundo año consecutivo con retroceso regional en el mercado exterior. Se utilice el criterio de la Junta o del Ministerio descienden las ventas fuera del país y Castilla y León es la autonomía que sufre mayor retroceso.

Es necesario subrayar que este recorte exportador se produce tras cuatro años de récord absolutos, en parte por la dinámica creciente de la automoción y en parte por el repunte de la economía nacional.

La fuerte dependencia del sector de la automoción, en el que Castilla y León es líder nacional en fabricación de vehículos, provoca estos vaivenes. Cuando el »monocultivo» está al alza todo empuja hacia arriba; cuando el sector dominante frena su potencial, el conjunto se desinfla.

Por eso es necesaria una política económica de internacionalización que diversifique aún más la actividad en el exterior. La agroalimentación, el sector que menos depende de decisiones externas y uno de los menos deslocalizables, ha ganado peso en los últimos años pero no el suficiente para compensar las coyunturas menos desfavorables de la industria del automóvil.

El problema en la situación actual procede del cúmulo de incertidumbres que recae sobre la fabricación y comercialización de automóviles con la limitación de los modelos de combustión y el lento proceso del coche eléctrico.

Por eso, la pérdida de peso de la exportación en la economía regional puede pasar factura a Castilla y León porque no hay un recambio exportador con las suficientes fortalezas para jugar el importante papel del automóvil.

Este pinchazo exportador afecta más a las dos provincias más dependientes de la industria del automóvil, Valladolid y Palencia, y menos al resto. Sin embargo, el balance del año pasado vuelve a revelar los desequilibrios entre provincias. Salvo León, que ha escalado posiciones este año y es la segunda provincia de España que más repunta, y Burgos, que certifica su potencia industrial, el resto tiene mucho camino por recorrer en una economía cuyo crecimiento está en el exterior. Por eso, 2018 es un año aceptable en el comercio pero sobre el futuro se ciernen grandes interrogantes.

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