Diario de Valladolid

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A CASI cien días de las elecciones municipales, autonómicas y europeas, la política arde, pero el humo no se percibe igual desde cada bando. La lupa es un instrumento que crea imágenes virtuales a la carta. La derecha ultraliberal nacionalista española pone el foco en Venezuela o en Cataluña; tapa así sus escándalos de corrupción y moviliza a su electorado. Pide diálogo fuera y lo niega en su patria. Antepone la necesidad de elecciones y no soporta que prospere un Presupuesto social.

La lente de la lupa de estos patriotas de bandera oculta que Rajoy ganó elecciones usando facturas falsas mediante una red de empresas instrumentales para canalizar los pagos de la campaña de 2011, como ha demostrado la Guardia Civil. «No estamos locos, que sabemos lo que queremos», que diría Ketama.

Los otros nacionalistas de Cataluña también saben lo que quieren y se afanan a un independentismo patriótico para que el derecho a decidir se anteponga a mejorar la vida de los catalanes que peor lo pasan. Nunca entenderé a una izquierda que prime esa cuestión territorial sobre la agenda social. Como nunca entenderé a quienes desde un falso progresismo ensalzan el llamado socialismo de un Maduro que está dejando en la más absoluta miseria a millones de venezolanos por aferrarse al poder. La derecha española prefiere aliarse con Trump y niega el necesario diálogo.

En Castilla y León, el PP ya cuenta con la más variada gama de lupas para pedir fuera lo que desprecia aquí: la democracia. Dos hechos, en solo una semana, avalan falta de limpieza democrática en los populares de la Comunidad. El Tribunal Constitucional ha certificado que han «vulnerado» derechos parlamentarios al paralizar, perturbar y obstruir la comisión que investigaba la trama eólica. Tres días antes, los jueces han imputado a altos cargos de la Junta por favorecer a empresas en la compra de una sede de la Consejería de Economía.

A esto se llama ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el suyo. Me consta que Herrera se arrepintió de proclamar que Castilla y León no estaba en el mapa de la corrupción. Pero tengo mis dudas de que su sucesor en el partido, Alfonso Fernández Mañueco, se arrepienta de esa deriva popular de bloquear comisiones parlamentarias (también la de las cajas), como dicta el Constitucional, o reconozca que le importa y le aporta más lo que pasa fuera que lo que ocurre en esta Comunidad (véase también el deterioro de la sanidad, la despoblación, la fuga de jóvenes...). Seguro que a sus fieles les pasa la canción de Ketama: «Sabemos lo que queremos y no estamos locos».

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