Diario de Valladolid

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NO SÉ el porqué del alboroto que ha causado la decisión de Pedro Sánchez de asistir en avión a la cumbre hispano-lusa que se celebra en Valladolid esta semana.

El presidente del Gobierno de España lleva instalado en ‘modo avión’ desde que aterrizó, con ciertas turbulencias éticas y reglamentarias y la cobarde actitud de los hasta entonces controladores de la pista, en su sillón equipado con las más sofisticadas tecnologías de destrucción.

Así las cosas, nada debe sorprender. Además, qué narices, la tendencia al uso de medios de trasporte que denoten que uno lo vale, y que es mucho más importante de lo que nunca pensó su abuelita, está integrado, de serie, en los equipamientos de los políticos de onírica megalomanía. Sánchez, es cierto, destaca por su altura de miras; se trata de un tipo espigado y que pone especial énfasis, y de ahí su cara de innegable fruición, en mirar a los demás por encima del hombro.

Y qué modo mejor para mirar hacia abajo que desde la ventanilla de un avión, con o sin gafas de sol puestas. Claro que si tomamos la expresión ‘altura de miras’ en su clave ética, ahí la cosa cambia, en un drástico giro copernicano, salvo que se trate de independentistas, antisistema o de quienes usan triquiñuelas legales para pagar menos impuestos y se sitúan en su entorno de utilidad.

Puestos a darle vueltas a la expresión, la de modo avión, en su significado de literalidad semántica, se trata de una postura nada extraña o inhabitual: no querer recibir comunicaciones, ni tampoco emitirlas. Desconexión. Más allá del chascarrillo, el comentario de barra de bar, con o sin chupito de por medio, o los exabruptos sincronizados con el taxímetro, el modo avión se ha impuesto. Raspado el barniz de lo anterior, poco queda de diálogo profundo y argumentado, casi nada de líneas directrices que anuncien la dirección decidida y firme del ciudadano. Impera el modo avión, con su gran ahorro de batería mental, sin duda, y el enorme despilfarro de talentos adormecidos por un ambiente pendiente de la cobertura del móvil mientras la resignación aborta el despegue de lo mejor.

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