Tomás Rodríguez Bolaños, un referente para la clase política
EL PRIMER alcalde de la democracia en Valladolid, el socialista Tomás Rodríguez Bolaños, fallecía el viernes de forma súbita, víctima de un infarto a los 74 años de edad. Su repentina muerte causó conmoción en la capital vallisoletana –que gobernó desde 1979 hasta 2005–, entre la familia socialista y entre la clase política en general. Y es que el histórico dirigente del PSOE ha sido todo un referente para distintas generaciones de políticos, tanto por su coherencia ideológica, como por su dedicación al municipalismo y su vocación de diálogo y negociación. Su sucesor en la alcaldía, Javier León de la Riva, reconocía este extremo en el artículo que dedica en este periódico a Rodríguez Bolaños. El ex alcalde popular subraya que la amistad y la lealtad institucional estuvieron siempre por encima de las diferencias ideológicas.
Entre los rasgos definitorios de Tomás Rodríguez Bolaños están su identificación con el espíritu de la Transición y su decidida vocación por el municipalismo. El político socialista se bregó en la lucha sindical en los años postreros del franquismo, lo que le costó el despido de Fasa Renault tras participar en las dos grandes huelgas que tuvieron lugar en 1974 y 1975. Este último año, ingresó formalmente en la UGT y en el PSOE, partido en el que se estrenó en las listas al Congreso en las elecciones de 1977.
Dos años después, Rodríguez Bolaños accedía a la Alcaldía de Valladolid por mayoría absoluta. Eran las primeras elecciones municipales de la etapa democrática y, por tanto, a la bisoñez de los nuevos representantes políticos se unían la necesaria puesta en marcha de toda una estructura municipal y de un diseño de ciudad que rompiera con los destrozos urbanísticos de la época del desarrollismo.
El alcalde socialista y su equipo afrontaron con empuje y dedicación esta ardua tarea. No fue una labor de cuatro años, sino que se prolongó en los sucesivos mandatos socialistas. La puesta en marcha del Plan General de Ordenación, la humanización de los barrios más degradados, o la creación de empresas públicas, junto con el avance en las infraestructuras fueron algunos de los elementos que transformaron la ciudad. Su dedicación a los ayuntamientos culminó con su nombramiento como presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).
Haciendo suyo el espíritu de la Transición, Tomás Rodríguez Bolaños fue un político siempre dispuesto a debatir y a negociar con los adversarios políticos, tanto en el ámbito municipal, como en el parlamentario, ya que fue también procurador en las Cortes regionales, diputado y senador en distintas etapas de su trayectoria política. Esta decidida apuesta por el diálogo es una enseñanza que deberían tener muy en cuenta las nuevas generaciones de políticos en unos momentos tan difíciles para el país.