Diario de Valladolid

EDITORIAL

La Iglesia debe castigar también a quienes encubrieron los abusos

Creado:

Actualizado:

LE HA COSTADO a la Iglesia, pero finalmente no ha tenido más remedio que acabar por reconocer y castigar los abusos sexuales a menores, perpetrados por algunos sacerdotes. Eso sí, le ha llevado años y lo está haciendo a medias y de una forma hipócrita.

Porque rezuma hipocresía que el Obispado de Astorga, con su obispo a la cabeza, reconozca los execrables y repetidos abusos del cura Ramos Gordón a niños del seminario de La Bañeza y Puebla de Sanabria y sólo le castigue a él y deje impunes a los encubridores.

Como bien dicen sus víctimas, tan responsable o más son los que lo supieron, callaron y no hicieron nada como el cura que abusó de ellos. Si de verdad la Iglesia, más allá de perdones que en la mayoría de los casos llegan tarde, quiere acabar con esta lacra y estirparla de raíz resulta fundamental que castigue también a los encubridores de estos abusos. No puede seguir mirando para otro lado, entre otras cosas porque los conoce, sabe quiénes son y el alto puesto que algunos ocupan en la curia eclesial. Algunos ya han fallecido, pero otros siguen ahí asentados en cargos de la Iglesia.

La mejor demostración de que el obispo de Astorga y la Iglesia sabe quiénes son estas personas que supieron, permitieron y callaron es que no han dudado en levantar la prescripción de los delitos para condenar a Ramos Gordón, cuando éste según destacó el propio prelado de la Diócesis de Astorga nunca llegó a reconocer con claridad sus abusos. Parece claro que el Obispado tenía confirmadas las denuncias y que los abusos se habían producido.

Todo eso sólo se atajará y se cambiará si se actúa con contundencia y se va contra quienes fueron encubridores. De no hacerlo, de seguir callando desde el Obispado de Astorga implicará continuar permitiendo la continuidad del delito.

Es el momento de investigar a fondo a esos que callaron.Y en esta tarea no puede esperarse otros 20 o 30 años. Porque sólo así, si se actúa contra los encubridores, se podrá creer que se tiene voluntad sincera y clara por parte del Obispado de Astorga de castigar lo que ocurrió durante todos esos años. Y mientras no sea así, no se vaya contra los encubridores y no se les castigue de unos abusos sexuales que arruinaron la vida de muchos niños, hoy ya adultos, nada de lo que se diga o haga será creíble.

Es más, la diócesis, sus actuales responsables, permanecerán bajo sospecha y serán cómplices en parte y por dejación de estos abusos.

El camino es claro. Que el Obispado de Astorga escuche a las víctimas. Tiene que acabar con los encubridores y castigarlos, como se hizo en Bostón donde cayó hasta el arzobispo o más recientemente en Chile. Y no seguir sólo actuando a golpe del mandato del Vaticano.

tracking