Diario de Valladolid

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A estas alturas muchos todavía tendrán dudas de si Ronaldo ha comprado la sociedad anónima que promueve el Real Valladolid, el Ayuntamiento, la plaza mayor, o, lo más seguro, comprar, lo que se dice comprar, eso que se hace desembolsando euros, todavía no ha comprado nada. Más bien lo último. La operación mercantil no está hecha. Lo de ayer fue una escenificación, impropia, de una presunta, y ya anunciada en el mes de mayo, operación mercantil entre mercantiles. Nadie ha enseñado un solo documento. Documentos que antes tienen que pasar por organismos de la Administración para certificar la compra y la venta. Y esos no se han pronunciado.

Lo de ayer fue más bien una bendición pública ante el frenesís informativo de una noticias negadas por el socio mayoritario, Carlos Suárez, pero que se han convertido en tozuda realidad. Hay quien no dice la verdad ni al médico. Y no sólo está en su derecho, si no que además le asiste ese derecho. Lo que no se sabe si fue una bendición deportiva para los políticos o una bendición política para las mercantiles en liza. Lo que es, a todas luces inexplicable, es que el acuerdo entre dos mercantiles se exhiba, todavía sin cerrarse, en el magno salón de la casa consistorial de la capital vallisoletana. El tiempo dirá si ha sido Suárez el que le ha metido un gol a Puente, o ha sido el regidor el que se lo ha metido al accionista del club. Pero no era el lugar para teatralizar la teatralización orquestada desde que se fraguó el acuerdo en mayo pasado. Sin duda, la imagen y la influencia de Ronaldo, si la usa, es lo mejor que le puedes pasar al club de Zorrilla. Ahora los socios y aficionados tienen derecho de conocer cómo es la operación. También a ellos les asisten unos derechos, no sólo a Carlos Suárez. Que no lo olvide.

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