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ESTABA cantado. Los trabajadores lo sabían y lo avisaron, pero nadie los escuchó. Ni los políticos, ni siquiera sus jefes sindicales de Castilla y León. Alertaron que en Vestas no se estaba produciendo, que la compañía había dado un giro a su forma de trabajar en la planta de Villadangos y que la interlocución había desaparecido. Los mismos oídos sordos que encontraron al otro lado, en el de las administraciones.

Las mismas que ahora se rasgan las vestiduras y les dan todo su apoyo. Como si de eso les fuera a comer. Sólo faltaba que no se lo dieran. De ser así, además de sordos e incapaces serían unos desalmados, que no es el caso.

El problema de León, y eso no parece verlo nadie, es que la de Vestas no es una fuga más. Es la fuga con mayúsculas, que viene prácticamente a dar la puntilla a una provincia que ve cómo se le cierran todas la alternativas que para otros se le abren. ¿Qué tienen Lugo y Ciudad Real que no tenga León? ¿Por qué se pliega el Gobierno y permite a estos desalmados, que estos sí que lo son y con mayúsculas, cerrar León sin más mientras comprometen inversiones en estos dos lugares? ¿Cómo es posible que a León se le obligue a cerrar la minería y tirar la llave y, a la vez, también se le diga que la energía eólica, la renovable, la alternativa de la que todos hablan tampoco es para ella? ¿A qué se tienen que dedicar leoneses, a la vida contemplativa? Ah, y a votar cada cuatro años a todos estos políticos que no hacen nada para impedir esta ignominia, una más, que se está llevando a cabo con León y con Castilla y León.

A todas esas preguntas tienen que responder la política y los políticos. León y Castilla y León merecen respuestas y estas no pueden venir de los mismos que van a dejar en la calle a 2.000 familias, con una mano delante y otra detrás y sin más alternativa que la de meterlos en una bolsa de trabajo de otras empresas, que está por ver que sea real.

Lo sucedido ayer en el Ministerio de Transición Ecológica es la constatación de la crónica de una muerte anunciada. De un campana y se acabó más a nivel industrial para Castilla y León que los políticos, otra vez, no supieron ver hasta que se lo encontraron de golpe.

Quizás ha llegado ya el momento de que los castellanos y leoneses tomen notan y apliquen también su campana y se acabó a los políticos.