Diario de Valladolid

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YA está hecho. Ya ha quedado demostrado que lo de las primarias del Partido Popular no eran más que una pantomima, un quiero y no puedo que poco o nada han tenido de participativas y, mucho menos, de ejemplo de democracia y de apertura del partido. Lo sucedido durante el congreso del fin de semana es la demostración más palpable de que para los del PP esto de la militancia no pasa de ser un mal necesario, que sólo utilizan para demostrar una fuerza que no tienen y para dirigir quién va y quién se queda fuera de esos congresos a la búlgara que siguen siendo la esencia del partido, donde unos compromisarios comprometen su voto a uno u otro dependiendo de cuáles sean los compromisos que les ofrecen. Todo muy comprometido. O lo que es lo mismo, un auténtico mercado persa en el que se reparten beneficios y prebendas y en los que quien más quien menos busca pasar factura a su enemigo interno.

Y sino que se lo pregunten a Alfonso Fernández Mañueco. El presidente del PP castellano y leonés, este sí elegido por la mayoría de la militancia en las urnas, ve como el congreso en el que se ha puesto punto y final a la era de Mariano Rajoy al frente del partido ha servido para que Juan Vicente Herrera y Antonio Silván le pasen factura, en lo que supone la demostración más evidente de que esa tan cacareada unidad de la que tanto presumen en el PP de Castilla y León no es más que otro ejemplo de cinismo. Y menos mal que no había ni bicefalia ni bicenada… Otro ejercicio de cinismo que no se creen ni siquiera aquellos que lo ejercen. Y, de fondo, aparece la figura de Silvia Clemente, la única que públicamente se salió de esa línea de neutralidad y de lista única marcada desde la dirección autonómica, de la que conviene no olvidar la presidenta de las Cortes sigue siendo uno de sus miembros más destacados.

La realidad es que Mañueco ve cómo el triunfo de Pablo Casado le deja en una situación incómoda, primero porque su apuesta y la de su dirección era Soraya Sáenz de Santamaría y, segundo, porque viene a reabrir enfrentamientos que creía había acallado con su incontestable triunfo en el congreso autonómico. Y, mientras, Silván, el derrotado, resurge ahora triunfante de la mano de Herrera para colocarse en un puesto en la ejecutiva nacional desde el que, ahora sí, tendrá más capacidad para decidir sobre un futuro político que el alcalde de León no quiere ver ni en pintura ligado de nuevo a la candidatura a la Alcaldía de León.

El congreso nacional es para el PP castellano y leonés como un volver a empezar cuyo final aún no está escrito. Y, mientras, en el PSOE tan felices. Y en Ciudadanos, más.

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