Palabras y empleos
CLASISTA, machista y mentiroso. Ni más ni menos. Así ha calificado la portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Valladolid, Pilar Vicente, al alcalde de la ciudad, Óscar Puente. Sin entrar en la verosimilitud de los términos, cabe agradecer a la concejala su claridad semántica y conceptual. Algo es algo. Aunque, quizá no estemos en tiempos de certeza en el lenguaje. De hecho, si preguntáramos a los más jóvenes sobre cuál puede ser el móvil de esta reyerta dialéctica, la mayoría lo tendrían más que claro: un Samsung Galaxy. Ante la polisemia el personal se acuerda de lo que tiene más a mano.
Los tres epítetos, tres, con los que Vicente traza un breve y profundo análisis psicológico y ético de Puente, allá ella con la responsabilidad de sus palabras, son la reacción a la frase que Puente dedicó a la política de la oposición municipal, en la que venía a decir que no tenía más méritos o experiencia que la que se derivaba de su condición laboral como empleada rasa en el sector del comercio.
Como la política es un oficio competitivo, tal afirmación no era un halago, desde luego, pero cabe preguntarse si realmente estaba formulada con ánimo de humillar, y si se la hizo a ella por el hecho de ser mujer, y a un varón no se la habría espetado. Una disculpa hubiera aclarado una intención puramente competitiva.
Rodríguez Bolaños, creo recordar que tuvo como mérito laboral ser empleado (técnico), no directivo, de Renault antes de ser alcalde de Valladolid, y eso no le hizo mejor ni peor gestor de la ciudad de lo que lo fue. Es más, como candidato socialista fue votado por una mayoría de los electores de la ciudad.
Una vez que las ideologías virtuales han colonizado la política (feminismo radical, etc), no cabe esperar sensatez en las acciones y reacciones de los cargos públicos. El rifirrafe de Puente con Vicente sugiere, ante todo, falta de capacidad y madurez política. Algo más preocupante que una expresión desafortunada.