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PASAN los días y la conmoción por el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy sigue sin mitigarse, sobre todo en el seno del Partido Popular. Por más que busquen tirar de frases hechas y hablen de volver a levantarse, les puede la ira y ese afán de revanchismo. El mejor ejemplo es el de los presupuestos generales, sus presupuestos, aquellos que hasta el viernes eran los mejores de España, de Europa y del mundo y que ahora quieren enmendar, sólo por fastidiar.

Es lo que tiene el verse descabalgados de un gobierno que creían ya garantizado para los próximos dos años, una vez pasado el corte en el Congreso de esas cuentas con la que ahora quieren hacer su juego político, en una demostración más que para el PP la única razón de estado que existe es la suya.

A qué esperan los máximos dirigentes del PP de Castilla y León, en el partido y en la Junta, para salir al paso de este sinsentido y defender sus presupuestos, esos que hace apenas quince días eran la panacea que iban a acabar con todos los males y a finalizar lo mucho que hay pendiente por hacer en lo que a infraestructuras se refiere. El problema es que son igual de malos ahora que antes.

Ya no toca. El PP ya ha cambiado el chip y a alguno, como a Antonio Silván, le ha faltado tiempo para reclamarle al nuevo Gobierno, ese que todavía no tiene ni siquiera ministros, que no se olvide de Feve, de la Valladolid-León, del camino de cabras de la Benavente-León, del AVE y hasta del Teatro Emperador.

¿Dónde había estado hasta ahora Silván? Feve es ese proyecto que el gobierno del PP prácticamente aniquiló nada más tomar posesión, y ahí sigue. La Alta Velocidad llegó a León a velocidad crucero, por no contar con el sistema de frenado de última generación, y por una sola vía, y ahí sigue. Por no hablar del soterramiento menguante o de ese Teatro Emperador, del que en estos últimos casi siete años con Mariano Rajoy en La Moncloa nadie en el seno del PPse preocupó lo más mínino.

Silván, como alcalde de León no es que esté en su derecho es que tiene la obligación de exigir al Ejecutivo central todo aquello que necesita León.Pero debería haberlo hecho antes y no ver cómo el presidente del Gobierno, primero, y la vicepresidenta, después, se paseaban por León por el mero hecho de pasearse. Ahí todo eran apretones de manos y abrazos. El PP, y Silván sólo es el primero, ya está en modo pedigüeño. El problema es que llevan siete años aplaudiendo.