El plebiscito del chalé
MIENTRAS el PP acumula con un exministro un nuevo caso de corrupción y mientras la Justicia demuestra que este partido se lucraba de la trama de corrupción Gürtel, irrumpe con fuerza el debate sobre el chalé de los líderes de Podemos. Los populares están ya entrenados en tratar de desmarcarse de escándalos como el de Zaplana, detenido por ocultar en Uruguay más de 10 millones de euros de comisiones obtenidas cuando era presidente de la Comunidad Valenciana. El PP le da de baja en el partido, ahora en tiempo récord, y con eso pretende cumplir la penitencia.
Era previsible que la vivienda de Pablo Iglesias e Irene Montero en Galapagar suscitara la variedad de reacciones internas y externas contra la dirección de la formación morada. Por varios motivos: los que dominan los medios de comunicación y temen su avance les tienen muchas ganas; los corruptos y sus amigos que han sufrido en sus carnes las duras críticas de Podemos no los soportan; los que han perdido batallas internas o han visto cómo se debilitaba el proyecto inicial aprovechan para reaccionar; los que consideran que la izquierda debe ser austera y vivir de forma más humilde que la derecha se sienten traicionados… y luego están los que perdonan todo a sus jefes y practican el culto al líder. El secretario regional de Podemos, Pablo Fernández, está más cerca de estos últimos. Nunca se le ve aplicando a su jefe las duras críticas, muchas con razón, que lanza a sus oponentes. «Con vosotros al fin del mundo», les dice a Iglesias y a Montero en faceboock al elogiar ese plebiscito que fuerza a los militantes a asumir como propia la decisión particular de comprar el chalé para evitar el derrumbe de Podemos.
Hay mucha hipocresía en algunas críticas a los líderes de la formación morada. Sobre todo cuando llegan de partidos corruptos por sentencia judicial que han animado la burbuja inmobiliaria. Y no digamos ahora con el exvicepresidente de Castilla y León, Jesús Merino, pringado en la trama Gürtel.
Al lado de todo esto, lo del chalé es minucia. Pero grave es no haber previsto la reacción de enemigos y amigos de verdad, que también los hay. Pero lo más grave de todo es ese intento endogámico de acallar las críticas internas con plebiscitos que impiden el debate sobre un modelo de partido que generó grandes esperanzas y que se va debilitando; en unos casos, por errores propios y en otros porque algunos pretenden equiparar casos de presunta corrupción como el de Zaplana o la Gürtel con la opción personal de comprar una vivienda de mayor nivel que la media de los ciudadanos a los que aspira a representar. Nada que ver.